Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

lunes, 12 de octubre de 2009

UN PÁRRAFO A LA VEZ 3


LA PARADOJA DEL AMOR

Recopilado por:
Pbro. Ramón O. Lara Palma

“Todos, en un momento u otro, experimentamos alguna sensación de soledad y aislamiento. De vez en cuando, sentimos un doloroso vacío en nuestro interior, que se convierte en una prisión insoportable…tratamos de llenar ese vacío, de satisfacer ese hambre…, y salimos en busca de quienes estén dispuestos a amarnos…sabemos que nuestra soledad sólo puede llenarse con el amor de los demás. Sabemos que necesitamos sentirnos amados. Lo paradójico es que, si tratamos de llenar el vacío de nuestra soledad buscando el amor de los demás, será inevitable que no encontremos consuelo, sino tan sólo una desalación aún más profunda…la mayoría de nosotros conocemos nuestra necesidad de ser amados y tratamos de obtener de los demás ese amor que necesitamos. Pero la paradoja sigue inevitablemente en pie: si buscamos el amor que necesitamos, nunca lo encontraremos. Estamos perdidos. … El amor puede hacer real la solución de nuestros problemas, pero debemos afrontar el hecho de que, para ser amados, debemos ser dignos de amor. Cuando las personas orientan su vida hacia la satisfacción de sus propias necesidades, cuando salen en busca del amor que necesitan, por mucho que tratemos de suavizar nuestro juicio sobre ellas, no podemos dejar de reconocer que son unas personas egocéntricas…Sin embargo, si las personas no tratan de recibir amor, sino más bien de darlo, se hacen dignas de ser amadas, y es casi seguro que acabarán siéndolo. Ésta es la ley inmutable a que estamos sometidos: la preocupación y el interés obsesivo por uno mismo tan sólo pueden aislar el yo e inducir una soledad aún más profunda y atormentadoras”. Tomado de: John Powell, ¿Porqué temo amar?, 92-96, 1999.

El mismo autor en párrafos más adelante afirma: “Sólo alcanzaremos la madurez en la medida en que dejemos de centrarnos en nosotros mismos y en nuestras propias necesidades y renunciemos al deseo egocéntrico de satisfacer nuestras necesidades. La falsa ilusión que hay que evitar a toda costa es amar en orden a recibir amor a cambio”. Sólo que para poder verdaderamente amar al otro así desinteresadamente “debemos amarnos a nosotros mismo” (Ups! ¿No eso egoísmo? No. Simplemente realismo psicológico. Amarse a sí mismo se puede traducir mejor con otras palabras: autoestima, autovaloración). Hasta la próxima.

domingo, 4 de octubre de 2009

UN PÁRRAFO A LA VEZ (2)


NO DEJES DE ESTAR EN TI

Recopilado por:
Pbro. Ramón O. Lara Palma.

“Recuerda una cosa:
No puedes salir de tu esfuerzo si queda incompleto;
Una vez que lo inicias, has de completarlo.
Porque la mente tiene tendencia a completar lo que comenzó.
Tu mente tiende a completar, por eso cualquier cosa sin completar te causa tensión.

Si querías reír y no has reído,
Sentirás tensión.
Si querías llorar y no has llorado,
Sentirás tensión.
Por eso has estado tanto tiempo enfermo:
Porque todo lo has dejado a medias.

Nunca has reído del todo, nunca has llorado del todo;
Nunca te has enfadado del todo,
Nunca te has pacificado del todo
-todo lo has hecho a medias.
Nada es de una pieza, nada es total.

Por eso se arrastra,
Y siempre tienes toda una serie de cosas en tu mente.
Por eso te sientes siempre tan incómodo por dentro,
Por eso nunca estás a gusto…


¿Recuerdas algo que hayas hecho del todo, que hayas hecho radicalmente, completamente? ¿Encuentras algún momento en tu vida, alguna experiencia, algún evento que puedas decir haya sido completo, total, definitivo? Si has tenido una experiencia realmente completa, tu mente ya no vuelve a ella. No la necesita. No la necesita en absoluto. Lo que la mente necesita es completar las cosas. Ésa es su tendencia, y esa hace posible nuestra vida…¿Te estás duchando? Pues dúchate de veras. ¿Cómo hacer que la ducha sea completa? ¡Estando en ella! Tu mera presencia lo hace todo. Estate allí, disfruta el momento, vívelo, siéntelo. Saluda al agua que te empapa, déjate morar, déjate saturar. Sal de la ducha habiéndola vivido en su totalidad. Si no, la ducha te seguirá. Se te hará tu sombra, te acosará todo el día…”. Carlos G. Vallés, El Elogio de la vida diaria, 12-13.

Muchas veces no estamos en nosotros, somos solo “cuerpo presente”. Ni siquiera estamos en el momento presente, pues o vivimos en el pasado (solo recordando y lamentando lo pasado) o en el futuro (preocupándonos y adelantándonos), casi nunca en el "Hoy". El Carpe Diem (agarra, coge, aprovecha el día) es una buena filosofía, bien entendida por supuesto.

Hasta la próxima.

jueves, 24 de septiembre de 2009

UN PÁRRAFO A LA VEZ


Pbro. Ramón O. Lara Palma

Después de escribir sobre temáticas un tanto amplias, y por lo mismo aburridas para algunos lectores, no por la amplitud sino por mi incapacidad de ser claro y motivador, me he decidido escribir con mucha más concisión. Por eso el título de esta columna: “un párrafo a la vez”. Lo que escribiré no serán elucubraciones personales o intentos de síntesis, sino retazos de distintos libros de los que he leído o estaré leyendo. Compartiré el párrafo que más me haya impactado de esas lecturas para que también los que lean este espacio cibernético puedan dejarse llevar por la sabiduría de los que han sido bendecidos por Dios con el don del buen entender. Claro que pido disculpas por la falta de respeto, pues nadie ha dicho que lo que a mí me guste pueda gustarle a los demás. Pero correré el riesgo, y de antemano gracias por la comprensión. Ah, por ser esta la primera vez haré la excepción al presentar dos párrafos: este que están leyendo como preámbulo y el párrafo que propiamente quiero compartir con ustedes. Ahí va.
Parábola de los gemelos

«Sucedió que en un seno fueron concebidos gemelos. Pasaron las semanas y los gemelos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba: “Dime: ¿no es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?” Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: “¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros!” Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. “¿Qué significará esto?” –preguntó uno-. “Esto significa –respondió el otro- que pronto no cabremos aquí dentro. No podemos quedarnos aquí: naceremos”. - “En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero- yo quiero quedarme siempre aquí”. - “Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano. Acaso haya otra vida después del nacimiento”. - “¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía. Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. No, con el nacimiento se acaba todo. Es el final”. El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba: “Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene esta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído”. - “Sí que debe existir –protestaba el primero-. De lo contrario, ya no nos queda nada”. - “¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro. A lo mejor sólo nos la hemos imaginado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí.”Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia transcurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los gemelos dejaron su mundo abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños». Tomado de: Selecciones de Teología, nº 152, Vol.38, 1999, 306.

Bueno, no les prometí que iban a ser párrafos cortos!!! Pero es un párrafo digno de ser releído ¿No encuentran familiar ese diálogo respecto a nuestras dudas sobre la vida eterna?

Hasta la próxima.