
OTRA LECTURA DE LA VISITA
Numerosas y hasta contradictorias opiniones han sido vertidas a propósito de la visita del presidente Barack Obama a nuestro país. Hay quienes muestran una inocultable simpatía y otros no esconden un vituperante rechazo. Uno de los momentos de la visita del ciudadano presidente que más atención ha llamado es el homenaje que hará a Monseñor Romero visitando su tumba para dejar un ofrenda floral. Muchos han opinado sobre el significado del gesto, unos lo satanizan y otros lo agradecen. Hay quienes hasta hacen una lectura apocalíptica del mismo.
HACERSE CARGO DE LA HISTORIA
Por supuesto que comparto la opinión con aquellos que sostienen la necesidad de que tal gesto sea un signo elocuente de asumir responsabilidades históricas, de purificar esa historia de sangre que aún no ha sido limpiada. En términos ellacurianos (de Ignacio Ellacuría), ese gesto debe ser una clara decisión del ciudadano presidente norteamericano de querer “hacerse cargo de la historia”. Esa historia que reclama la responsabilidad de los gobiernos norteamericanos junto con los gobiernos locales de aquel momento por la sangre derramada del Arzobispo mártir, y junto a él de tantísimos hombres y mujeres que fueron cruelmente asesinados y torturados. Si tal visita a la tumba de Monseñor no incluye ese hacerse cargo de la historia, sería un gesto cuanto menos politiquero y demagogo.
CARGAR CON LA HISTORIA
Si es necesario hacer una mirada a la historia pasada para purificarla y hacerse cargo de ella, es decir, asumir las responsabilidades históricas en sus aciertos y desaciertos, es igualmente importante fijarse en el momento presente. De lo contrario caeríamos en un pobre anacronismo. Por eso debemos ser responsables con el presente, o bien, siempre en término ellacurianos, debemos “cargar con la historia”. Es que no podemos siempre estar culpando al pasado y a los otros por lo que hoy está pasando. Hay que asumir la propia responsabilidad histórica. Eso quiere decir que cada ciudadano debe asumir con actitud ética coherente su compromiso con la historia. Como el mismo Monseñor Romero lo pedía: “nadie puede pasar por esta historia sin dejar una huella”. La historia futura reclamará nuestra irresponsabilidad por lo que hoy estamos haciendo. Monseñor Romero cargó con la historia y hoy el mundo se lo reconoce. ¿Estamos siendo responsables, cada uno en su propia campo, con la historia que estamos construyendo?
Si la visita a la tumba de Monseñor Romero viene a ser una expresión solemne de compromiso como gobierno norteamericano para cargar con las responsabilidades históricas en vistas a colaborar con el estado salvadoreño para construir una sociedad más justa y solidaria, entonces tal gesto tiene hondo sentido. Además, tal visita incluye el reconocimiento implícito de la altura humana y espiritual de Monseñor, cosa que en verdad no lo necesita pues su testimonio es tan elocuente que resulta innecesario cualquier puntal para dicho reconocimiento, en todo caso el gesto resulta más bien comprometedor para nosotros los salvadoreños, quienes somos los primeros llamados a ser verdaderamente responsables con nuestra historia tal y como lo hizo Monseñor.
ENCARGARSE DE LA HISTORIA
Hacerse cargo de la historia y el cargar con la historia lleva a un ineludible “encargarse de la historia”. O sea, volverse agentes activos de los cambios históricos que deben ser contundentes y reales en nuestra patria. Monseñor Romero es indudablemente un modelo de honda responsabilidad histórica con el futuro. Él, como muchos profetas, soñó con un futuro brillante, nuevo, verdaderamente humano, para su patria y para la Iglesia. Por ello trabajó incansablemente y ofrendó su vida. En cierto modo el presidente Obama ha querido presentarse al mundo con un firme propósito de “encargarse de la historia”, o sea, de ser responsable con el futuro. Si su visita a la tumba de Monseñor implica ese compromiso público, bienvenido sea.
En tal caso somos nosotros los salvadoreños los que debemos ser verdaderos agentes de cambios de esta nuestra torcida y ensangrentada historia. No vengamos a reclamarle a otros lo que a nosotros mismos nos corresponde hacer. Actuemos nosotros con responsabilidad y honremos la memoria de Monseñor. Que la celebración del trigésimo primer aniversario del martirio de Monseñor sea un compromiso unánime de toda la ciudadanía por los menos para estas tres cosas:
1) No permitir que la partidocracia se imponga en modo arbitrario, conculcando los derechos de los ciudadanos de elegir directamente a sus representantes e irrespetando una resolución precisa de la Corte Suprema de Justicia; 2) Exigir un verdadero cambio institucional en todas las áreas de vida del estado: dependencias del ejecutivo, del primer órgano del estado, justicia, contraloría pública, etc.; 3) Exigir una actitud ética coherente de todo servidor público y por extensión por parte de cada ciudadano, para frenar el oscuro y podrido mundo de la corrupción .
Es que sin un proceso democrático que vaya consolidándose, sin institucionalidad y sin moralidad, no existe verdadero desarrollo, habrá siempre pobreza en todos los niveles y sentidos, y nos hundiremos cada vez más en ese hondo pozo de la violencia y degradación social. Honremos la memoria de Monseñor encargándonos nosotros de la historia: ¡Cambiémosla! Seguramente el presidente Obama hará lo suyo. No nos crucemos de brazo nosotros y continuemos culpando a los demás.
HACERSE CARGO DE LA HISTORIA
Por supuesto que comparto la opinión con aquellos que sostienen la necesidad de que tal gesto sea un signo elocuente de asumir responsabilidades históricas, de purificar esa historia de sangre que aún no ha sido limpiada. En términos ellacurianos (de Ignacio Ellacuría), ese gesto debe ser una clara decisión del ciudadano presidente norteamericano de querer “hacerse cargo de la historia”. Esa historia que reclama la responsabilidad de los gobiernos norteamericanos junto con los gobiernos locales de aquel momento por la sangre derramada del Arzobispo mártir, y junto a él de tantísimos hombres y mujeres que fueron cruelmente asesinados y torturados. Si tal visita a la tumba de Monseñor no incluye ese hacerse cargo de la historia, sería un gesto cuanto menos politiquero y demagogo.
CARGAR CON LA HISTORIA
Si es necesario hacer una mirada a la historia pasada para purificarla y hacerse cargo de ella, es decir, asumir las responsabilidades históricas en sus aciertos y desaciertos, es igualmente importante fijarse en el momento presente. De lo contrario caeríamos en un pobre anacronismo. Por eso debemos ser responsables con el presente, o bien, siempre en término ellacurianos, debemos “cargar con la historia”. Es que no podemos siempre estar culpando al pasado y a los otros por lo que hoy está pasando. Hay que asumir la propia responsabilidad histórica. Eso quiere decir que cada ciudadano debe asumir con actitud ética coherente su compromiso con la historia. Como el mismo Monseñor Romero lo pedía: “nadie puede pasar por esta historia sin dejar una huella”. La historia futura reclamará nuestra irresponsabilidad por lo que hoy estamos haciendo. Monseñor Romero cargó con la historia y hoy el mundo se lo reconoce. ¿Estamos siendo responsables, cada uno en su propia campo, con la historia que estamos construyendo?
Si la visita a la tumba de Monseñor Romero viene a ser una expresión solemne de compromiso como gobierno norteamericano para cargar con las responsabilidades históricas en vistas a colaborar con el estado salvadoreño para construir una sociedad más justa y solidaria, entonces tal gesto tiene hondo sentido. Además, tal visita incluye el reconocimiento implícito de la altura humana y espiritual de Monseñor, cosa que en verdad no lo necesita pues su testimonio es tan elocuente que resulta innecesario cualquier puntal para dicho reconocimiento, en todo caso el gesto resulta más bien comprometedor para nosotros los salvadoreños, quienes somos los primeros llamados a ser verdaderamente responsables con nuestra historia tal y como lo hizo Monseñor.
ENCARGARSE DE LA HISTORIA
Hacerse cargo de la historia y el cargar con la historia lleva a un ineludible “encargarse de la historia”. O sea, volverse agentes activos de los cambios históricos que deben ser contundentes y reales en nuestra patria. Monseñor Romero es indudablemente un modelo de honda responsabilidad histórica con el futuro. Él, como muchos profetas, soñó con un futuro brillante, nuevo, verdaderamente humano, para su patria y para la Iglesia. Por ello trabajó incansablemente y ofrendó su vida. En cierto modo el presidente Obama ha querido presentarse al mundo con un firme propósito de “encargarse de la historia”, o sea, de ser responsable con el futuro. Si su visita a la tumba de Monseñor implica ese compromiso público, bienvenido sea.
En tal caso somos nosotros los salvadoreños los que debemos ser verdaderos agentes de cambios de esta nuestra torcida y ensangrentada historia. No vengamos a reclamarle a otros lo que a nosotros mismos nos corresponde hacer. Actuemos nosotros con responsabilidad y honremos la memoria de Monseñor. Que la celebración del trigésimo primer aniversario del martirio de Monseñor sea un compromiso unánime de toda la ciudadanía por los menos para estas tres cosas:
1) No permitir que la partidocracia se imponga en modo arbitrario, conculcando los derechos de los ciudadanos de elegir directamente a sus representantes e irrespetando una resolución precisa de la Corte Suprema de Justicia; 2) Exigir un verdadero cambio institucional en todas las áreas de vida del estado: dependencias del ejecutivo, del primer órgano del estado, justicia, contraloría pública, etc.; 3) Exigir una actitud ética coherente de todo servidor público y por extensión por parte de cada ciudadano, para frenar el oscuro y podrido mundo de la corrupción .
Es que sin un proceso democrático que vaya consolidándose, sin institucionalidad y sin moralidad, no existe verdadero desarrollo, habrá siempre pobreza en todos los niveles y sentidos, y nos hundiremos cada vez más en ese hondo pozo de la violencia y degradación social. Honremos la memoria de Monseñor encargándonos nosotros de la historia: ¡Cambiémosla! Seguramente el presidente Obama hará lo suyo. No nos crucemos de brazo nosotros y continuemos culpando a los demás.