Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

martes, 27 de abril de 2010

IDEAS PRESTADAS...PERO BUENAS!


USTED ES LO QUE PIENSA, Y SERÁ LO QUE DESEA SER…

Recopilado por
Pbro. Ramón O. Lara Palma

Esta fórmula, que es clave en la auto motivación, está basada en un principio científico comprobado por sicólogos de todo el mundo, y que dice así: “Cada uno es el resultado directo de sus pensamientos”.

Una persona es lo que piensa, y puede llegar a ser lo que desea ser. Los sabios investigadores han demostrado que el ser humano únicamente utiliza el 25% o 30% de su cerebro, y que casi todos morimos sin haber estrenado las dos terceras partes de nuestra capacidad cerebral.

De los trece mil millones de células o neuronas que tenemos en el cerebro, casi diez mil millones irán con nosotros al sepulcro sin que las hayamos hecho trabajar. Teníamos miles de millones de colaboradoras cerebrales listas a ayudarnos, pero nuestra pereza mental no nos dejó pensar, y nuestro pesimismo no nos dejó desear en grande, y morimos sin haber triunfado. Se cumple así la queja del Profeta en la Biblia: "El mal de mi pueblo es que no dedica tiempo a pensar y meditar"(Oseas 4).

domingo, 18 de abril de 2010

RIESGO PARA EL FUTURO DE EL SALVADOR


IZQUIERDA Y DERECHA EXTREMISTAS
EL MAYOR RIESGO PARA EL FUTURO DE EL SALVADOR

La política no es mi territorio, pero no por ello me siento extranjero. Ciertamente mi especialidad es la teología, pero la política no puede ser indiferente para mí como ciudadano. Todo ciudadano es en esencia político, no puede no serlo. Y por eso me atrevo a dar esta mi opinión política como ciudadano salvadoreño.

Sabemos claramente que ningún extremismo es bueno. “In medio virtus”, la virtud está en el medio decían los latinos. Por eso, desde mi óptica externa al “oficio político” puedo ver el grave peligro al que se encamina la realidad salvadoreña: los extremismos de las tendencias políticas más fuertes en el país. Una derecha que se está desmoronando y reduciéndose a los estamentos más radicales del ideario derechista (autoritarismo) y una izquierda que se recompone y se purifica reduciéndose a lo más extremo del izquierdismo: el fanatismo ideológico, que no toma en cuenta “la realidad real”.

Una derecha extrema y una izquierda radical, ambas rayando el fanatismo, no son en sí el verdadero problema para El Salvador. El verdadero problema es que tales extremas sean poderosas. Nos queda solo esperar ver como el ciudadano salvadoreño actúa frente a este dilema: darle poder a las extremas o decantarse por las propuestas moderadas. Soy de los que creen en que la sociedad salvadoreña es más madura políticamente de cuanto los políticos creen que sea. Espero que todos tengamos los ojos abiertos: In medio virtus.

Pbro. Ramón O. Lara
Roma



jueves, 8 de abril de 2010

UNO DE LOS MEJORES TIEMPOS DE LA IGLESIA: HOY


ANASTHASIS (Levántatate Iglesia)

Por
Pbro. Ramón O. Lara Palma

Escribo este artículo con un profundo sentido de agradecimiento a Dios por lo que está sucediendo hoy en la Iglesia. Siendo sacerdote, residiendo por el momento precisamente en Roma, sede del catolicismo occidental, estudiando justamente sobre la identidad de la Iglesia y sobre la vida espiritual y psicológica de los futuros sacerdotes, no me viene otro sentimiento que el de serenidad y confianza, particularmente al saber todo lo que se dice sobre la Iglesia y sus ministros en los medios de comunicación social.

No soy de los que piensan que todo cuanto se dice sobre los escándalos sexuales por parte de miembros de la Iglesia (ministros) sea una orquestada confabulación que busca aniquilar a la Iglesia. No tengo los elementos de juicio, ni creo que alguien los pueda tener, para afirmar tal cosa. Además, si realmente así fuera, si realmente hubieran fuerzas ocultas, poderes fácticos, o cosas parecidas, que estén intentando atacar a la Iglesia no harían sino confirmar lo que sostengo en el título de este escrito: esto sería lo mejor que le pudiera pasar a la Iglesia, o sea, ser perseguida.

No olvidemos que una de las bienaventuranzas, quizás la menos conocida o menos resaltada es la que afirma: “bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mt 5,11-12). Eso quiere decir que una de las notas características de la Iglesia de Cristo, aparte de ser Una, Santa, Católica y Apostólica es, como lo afirmó Monseñor Romero, ser Perseguida. Sin embargo, repito, no creo que haya tal confabulación persecutoria contra la Iglesia.

Al contrario, pienso que todo lo que está pasando, todo lo que se dice, todo lo que se constata, todo lo que se descubre, todo lo que se confirma, todo lo que se opine, en torno a la Iglesia y los pecados de sus hijos es parte de ese proceso purificador con que el Espíritu está sometiendo a este su templo santo. La Iglesia necesita purificarse de todo aquello que contradiga su verdadera identidad. Ciertamente que cualquier proceso de purificación resulta amargo, doloroso y hasta insoportable. Pero la Iglesia es en esencia Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo y por tanto debe resplandecer por esa identidad, de lo contrario debe ser azotada y purificada (Mt 21,12; Mc 11,12; Lc 13,6; Jn 2,14).

La Iglesia no es sólo el Papa o la Curia Romana, no es sólo los Obispos o los Sacerdotes, la Iglesia somos todos, fieles bautizados, desde el Papa hasta el más humilde catequista, madre o padre de familia, en el ángulo más escondido del mundo. Y todos necesitamos purificación. Por supuesto que los ministros debemos estar a la cabeza y en primera fila de los purificados (los santos), por eso se nos llama presbíteros (ancianos en la fe) y obispos (supervisores de la fe). Cuando los primeros que son llamados a testificar una vida de íntima comunión con Dios (vida teologal: fe-esperanza-caridad) y de seguimiento radical de Cristo (vida evangélica: pobreza-castidad-obediencia) no son coherentes, entonces el mundo tiene derecho a preguntarse ¿Por qué no son lo que dicen ser?

Los medios de comunicación están ayudando al Espíritu Santo a purificar la Iglesia. Mucho se había consentido, mucho se había tolerado, mucho nos habíamos acomodado, mucho nos habíamos descuidado. Algunos por ignorancia, otros por desidia, otros por patología, otros por pura maldad. Pero la verdad es que los miembros de la Iglesia, en muchos casos, sobre todo los ministros, nos hemos acomodado a lo que la moral llama pecado: vivir contra el amor de Dios y contra nuestra propia identidad. Además, a nivel institucional la Iglesia necesita aún purificarse. No cabe duda que en el siglo XX se dieron pasos agigantados en cuanto a purificar su rostro institucional. Sin embargo, el mundo quiere ver una Iglesia (desde su institucionalidad) más límpida, transparente, evangélica. El mundo pide más de la Iglesia y por eso el Espíritu Santo le exigirá más.

Por eso digo, y reconfirmo, esto que pasa hoy en la Iglesia no podía ser sino lo mejor: hoy la Iglesia está como en sus mejores tiempos. No es que está en los últimos tiempos, o que la Iglesia esté por sucumbir, al contrario, la Iglesia está en pie de inicio, como en los primeros años de su historia, a punto de emprender la misión de evangelizar al mundo, un mundo que necesita de Dios y del evangelio de salvación. Pero para eso la Iglesia necesita tener la pureza de los inicios, la pureza y vitalidad que le dio el fuego de Pentecostés. Esa purificación es lo que está experimentando hoy. Y es justamente lo que la Iglesia necesita. Y si alguno se siente preocupado es porque no confía en el Espíritu Santo: la Iglesia es creatura del Espíritu, es Él quien la conduce, no los hombres.

Como sacerdote e hijo de la Iglesia, hermano de todos ustedes los bautizados, sinceramente les pido orar por mí y por mis hermanos en el ministerio. Los ministros estamos en el mundo y no somos ángeles, estamos sometidos a todas las pruebas como cualquiera ser humano. Podemos caer, ser imprudentes, padecer taras psicológicas y ser seducidos por el pecado. Pero con el sostenimiento de todos los miembros de la Iglesia, en esa maravillosa realidad que se llama comunión de los santos, nos podemos levantar y seguir adelante en nuestra extraordinaria y delicada misión. El verdadero cristiano no es el que nunca pecó, sino el que habiendo pecado reconoce su culpa, y consolado por las palabras del Señor “se levanta y en adelante no vuelve a pecar” (Jn 8,11).

Felices pascuas de Resurrección.