Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

lunes, 21 de mayo de 2012

LA EDUCACIÓN ES LA SOLUCIÓN


TODOS SUBIDOS EN EL MISMO BARCO

Pbro. Ramón O. Lara 
Teologado Santiago Apóstol, Santiago de María 

Los diccionarios y los manuales de pedagogía definen la educación como el proceso por medio del cual se puede sacar a flote lo mejor de la persona. Pero ese proceso implica todavía un proceso anterior, algo que tuvo que haberse hecho primero: el proceso de haber introducido dentro de la persona eso bueno que ahora, mediante el acto educativo, se pretende sacar a flote. Estamos entrando, de este modo, al terreno antropológico: ¿Quién es el hombre? Y necesitamos dar esa respuesta: el hombre es un ser dotado de bondad por naturaleza: quien lo creó ya depositó la bondad en su interior. La educación sólo tiene como tarea sacar a flote esa bondad existente.

Sin embargo, el hombre es un ser que se va haciendo, no está acabado. Por eso, si bien es cierto que por naturaleza la bondad está en su interior, hay que decir también que en el proceso de desarrollo de su ser, el hombre puede ir adquiriendo e introduciendo en su interior semillas de maldad. El mal puede anidarse en lo más profundo del ser del hombre. Por eso es que el proceso educativo puede ser, si no se cuida con atención, un proceso de “mala educación”. ¡Por supuesto que se puede desarrollar un proceso en el que se saque a flote la maldad que haya sido asimilada y depositada en la intimidad del hombre en su proceso de construcción! 

Por eso no basta con la educación. Puesto que el proceso educativo puede ser negativo (“mala educación”) es necesario dar el paso a la formación. La educación puede sacar a flote muchas cosas y entre esas cosas pueden estar lo bueno y lo malo. La formación se encargará, entonces, de separar lo bueno de lo malo y dar la “forma” buena que le corresponde al ser del hombre. La formación es un complemento de la educación. Sin la formación la educación se queda muy limitada.

Ahora bien, el proceso formativo comienza con un dinamismo “in-formativo”: dar forma en el interior del hombre. Ese dinamismo informativo comienza con el ofrecimiento de datos cognitivos (que es lo que comúnmente entendemos por información) pero también se deben ofrecer los datos afectivos. El dinamismo informativo implica dar forma al interior del hombre con datos afectivos: la afectividad es una realidad omnipresente en el ser humano. Si no se da ese dinamismo “in-formativo” con datos cognitivos y afectivos puede desatarse un dinamismo “de-formativo”, pernicioso; o sea, la formación no será eficaz ni oportuna, sino “deformante”. Por eso la formación debe atender ese dinamismo informativo integral: se forma con datos intelectivos y con datos afectivos. Una formación meramente académica es muy limitada, necesita de la formación afectiva. Con razón la psicología últimamente ha descubierto la “inteligencia emocional”.

Si la educación y la formación se complementan, con mayor razón podemos decir que necesitan de la comunidad para poder cumplir sus propios cometidos. Hemos advertido que el ser humano es un ser siempre en construcción y por tanto el ambiente social, la comunidad, resulta ser una realidad que ineludiblemente le afecta. Si la comunidad es una comunidad deformante, esa persona sacará a flote lo malo de sí, habrá mala educación. Si la comunidad es una comunidad formativa, esa persona dará lo mejor de sí, y entonces estamos hablando de verdadera educación. No podemos ignorar el rol de la comunidad en el proceso educativo, en la acepción que estamos manejando. La comunidad forma y deforma, educa o mal educa. Eso quiere decir que la comunidad es determinante en el proceso educativo, no se puede eludir.
Por último podemos decir que la conjunción de los tres elementos (educación-formación-comunidad) resulta indispensable para desatar también dinamismos de desarrollo sociales, culturales y económicos.

Sin una buena educación, que no se ampare con dinamismos formativos adecuados, y por tanto sin la participación positiva de la comunidad, no habría desarrollo en ningún conglomerado social. El verdadero desarrollo parte de un buen ambiente educativo-formativo, y por ello de una comunidad involucrada en la construcción de ese ambiente. Ciertamente hay experiencias en las que se ha posibilitado un enorme dinamismo informativo y capacitación técnica de las personas, pero se han olvidado los dinamismos formativos integrales. Tales sociedades han desarrollado ampliamente su estructura económica, no así su cultura y su bienestar integral. Porque no siempre estando bien económicamente se esté bien integralmente. El desarrollo integral de los pueblos depende de su buena educación-formación y por tanto del compromiso de sus miembros.

Por eso el título así este pequeño ensayo. Si no nos comprometemos todos en el proceso educativo integral de nuestras futuras generaciones, corremos el riesgo de naufragar en la aventura de avanzar en el progreso integral que deseamos como pueblo. El desarrollo de nuestro querido país depende de como estemos propiciando todos, desde la trinchera de cada uno, un buen ambiente educativo-formativo. Muy probablemente la generación anterior a la nuestra descuidó muchos de estos aspectos y por eso nos sentimos hundir como sociedad salvadoreña. El resquebrajamiento moral, el deterioro cultural, la pobreza económica, la aguda crisis social de la violencia, entre otras cosas, son síntomas evidentes de un descuido en la educación-formación de la generación actual. En este barco estamos todos, y por eso no nos podemos desentender. O nos salvamos todos o todos nos hundimos.