Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

lunes, 19 de octubre de 2009

¿REENCARNACIÓN O RESURRECCIÓN? 1/2


Por
Pbro. Ramón O. Lara Palma

¿Es posible tener más de una vida? ¿Tiene el ser humano un alma capaz de reencarnarse? ¿Qué es el karma? ¿Por qué los cristianos no creen en la reencarnación?

Cuando un lector de este espacio de comunicación cibernética me sugirió hablar sobre la reencarnación me sentí interiormente apenado, pues sobre esa temática apenas tenía nociones. Me di a la tarea de investigar y recopilar información sobre el asunto y quedé boquiabierto al ver la cantidad de información, opiniones, tendencias y adeptos que esta mentalidad tiene. Basta con hacer un simple balance de la población mundial para darnos cuenta que muchísimo más de la mitad de terrícolas tienen una idea clara sobre la reencarnación, y son ellos los que se preguntan ¿Cómo es posible que hayan quienes no crean en esta verdad?: casi toda la China y la India la tienen como un dogma incuestionable, y en los últimos cincuenta años, como parte del “snobismo” europeo y norteamericano, hay muchos en occidente que se están adhiriendo a esta creencia.

Pero ¿Qué es la reencarnación?

Antes que nada es necesario afirmar que sobre todo es una creencia, una doctrina que es parte de un credo religioso. Una gran cantidad de corrientes del hinduismo y del budismo la tienen como una verdad incuestionable. Aunque también esta creencia formó parte del gran edificio filosófico construido por Platón y antes de él, el gran Pitágoras (sí, el del teorema) la enseñó. Obviamente que al intentar resumir una doctrina tan amplia, y a la vez tan difundida, existe el riesgo de caer en un reduccionismo e irrespeto para quienes creen en ella. Sin ninguna intención de ofender a nadie dividiré estas reflexiones en dos partes: los argumentos a favor de la reencarnación para luego pasar a las perplejidades y confusiones que aún deja. Este balance nos puede servir para tener, al menos, una noción más amplia de lo que es según algunos esta verdad de fe.

Una palabra clave que es necesario comprender al hablar de la reencarnación es el “Karma”. Para Platón y los griegos que tenían una creencia similar usaban la expresión “Metempsicosis”, que se puede traducir como “transmigración de las almas”; es decir, que el alma va errante en diferentes estados y diferentes cuerpos. El término Karma, por su parte, viene del sánscrito “kar”, que significa mano y se refiere a toda acción ejecutada y al resultado de esa acción. “De ahí pasa a significar todas las acciones hechas en vidas pasadas, y cuya suma, positiva o negativa, determina nuestra suerte en la encarnación de turno. Así, “karma” pasa a significar el “destino”, no en el sentido de una fuerza ciega externa a la persona y que determine caprichosamente lo que le ha de suceder a cada uno, sino en el sentido del camino ineludible que uno se ha labrado para el presente con sus acciones en el pasado: si yo sufro ahora, es porque ése es mi “karma”, es decir, porque yo me he portado de tal manera en mis encarnaciones anteriores que ahora tengo que pagar en sufrimiento el precio de mis desvíos y desmanes” (C.G. Valles, ¿Una vida o muchas?, 19).

El principio lógico que guía la creencia en el “karma” es el de que toda causa tiene un efecto. O si queremos expresarlo bíblicamente: “lo que el hombre siembra, es lo que recoge” (Gal 6,7). Junto al principio lógica causa-efecto se mantiene el principio moral de la “justa retribución”, es decir, cada uno ha de recibir el premio por sus virtudes y el castigo por sus vicios. Según el hinduismo, esa “lógica kármica” se extiende en el tiempo y en el espacio. La ley del karma establece que todo lo que la persona hace, dice o piensa, repercute sobre el equilibrio del universo y crea una reacción que acaba incidiendo inexorablemente en la persona, causándole dolor o gozo, según hubiera sido su acción.

Si esa es la ley del karma, ¿Cómo bloquear sus efectos? ¿Cómo corregir el karma?

Ahí entra la enorme e intensa experiencia de purificación (hinduismo) o de iluminación (budismo) para ir corrigiendo el karma y poder llegar a la total liberación. En esto entra la lógica de la reencarnación, ya que si una vida no basta para purificarse y llegar a la total liberación es posible pensar que haya una siguiente oportunidad, otra vida, en la cual pudiéndose reencarnar pueda re-emprender una nueva oportunidad. Pero sucede que de acuerdo a la ley del karma, la reencarnación puede ser no necesariamente en una persona, pues depende de lo que el karma asigne como castigo o premio. Normalmente se entiende que si hay una reencarnación (y estas son teorías de las distintas corrientes hinduistas) en una persona enferma, o si durante la vida sucede alguna tragedia que causa dolor y sufrimiento, inmediatamente se entiende que se debe al karma, que le está haciendo pagar los pecados de una vida pasada. También puede reencarnarse en cualquier otro ser, como animales y plantas, pero depende del tipo de ser para calificar si es castigo o premio. Las distintas escuelas teológicas hinduistas y budistas ofrecen sus propias explicaciones sobre cada reencarnación y el significado que tiene si sucede en tal o cual ser.

¿Qué lugar ocupa Dios en quienes creen en la reencarnación?

En primer lugar, para los que creen en Dios, pues no todos los que creen en la reencarnación creen en Dios, como los Jainitas que son ateos, éste no es un ser personal, sino una especie de energía que libera, una fuente de vida, la luz que guía, pero todo impersonal. Dentro de ese contexto teológico la creencia en la reencarnación ofrece explicaciones muy fáciles sobre el sufrimiento y el dolor, sobre la muerte y las catástrofes naturales que pueden acaecerle a una persona. En ese sentido Dios queda libre de cualquier responsabilidad, pues como insinué en los artículos sobre cómo compaginar la fe en Dios y la realidad del sufrimiento y la muerte, la gran pregunta que todos nos hacemos es ¿Por qué Dios que es bueno y todopoderoso, permite que sufran los hombres? Esta pregunta, bajo la creencia en la reencarnación, es fácilmente respondida diciendo que no es que Dios quiera el sufrimiento de nadie sino que ese sufrimiento es sólo la paga de pecados de una vida pasada.

Por ejemplo, un piadoso hindú nunca se hará la gran pregunta que un occidental se haría: “¡¿Por qué mi hija, mi linda y tierna hijita ha nacido ciega?!” Un occidental le haría esta pregunta a Dios y se lo pondría en cara: “si tu eres amor, ¿Por qué a nosotros nos ha de tocar esa desgracia?”. Y así sucesivamente, ¿Por qué ese accidente que mató toda la familia y dejó postrado y abandonado a un pequeño niño? ¿Por qué nuestro hijo joven tiene cáncer? ¿Por qué murió mi marido que era tan bueno? ¿Por qué….por qué, por qué? Las preguntas a los “por qué” el hindú piadoso no se las hace. Simplemente acepta con toda serenidad esos acontecimientos (por eso se dice que los hindúes, y en general todos los del lejano oriente, son muy tranquilos, profundos y espirituales) pues con toda naturalidad se responde sin ningún complejo que todas esas experiencias son cosas normales de la vida y si suceden es por un motivo claro: el karma. Es más, una tragedia puede ser vista como una ventaja: al recibir la tragedia como un cobro de los pecados pasados, quiere decir que esa persona que padece tal desgracia está en proceso de purificación. Si una persona sufre Dios no tiene nada que ver, pues sufre porque está purificando sus pecados.

Además, quien cree en la reencarnación no le preocupa la muerte. La muerte es solo un paso hacia una nueva oportunidad. En cambio, la mentalidad occidental teme a la muerte. Hoy más que nunca la muerte se ha convertido en un tabú. Se le maquilla, se le evade. Tanto así que ni si quiera se acepta el hecho de envejecer (los eternos jóvenes de Hollywood). Cuando se piensa en la muerte se piensa en que todo está terminado (en buen salvadoreño: muerto el chucho acaba la rabia). Para muchos occidentales con base religiosa que creen en una vida después de la muerte, se acercan a ese evento con mucho pavor, sobre todo porque no están convencidos de recibir la salvación después de morir. Para el occidental sólo hay una oportunidad: en esta vida se juega toda la eternidad, sea en el infierno o sea en el cielo. Para el reencarnacionista ese temor nunca se le asomará, pues siempre habrá una nueva oportunidad al reencarnarse, hasta que algún día alcanzará la salvación. Por eso para quien cree en la reencarnación no se plantea la idea de un infierno eterno. Según ellos, Dios que es amor no puede permitir que sólo en una oportunidad el hombre se juegue toda la eternidad en el infierno. Muy sentidamente se preguntan: ¿Será justo que el hombre, por el mal uso de su libertad, tenga sólo una oportunidad? Parece por tanto, que la creencia en la reencarnación deja mejor librado a un Dios misericordioso y todo amor que cualquier otra creencia.

¿Por qué, entonces, los cristianos no creemos en la reencarnación?

Continua…


1 comentario:

  1. Gracias por hablar sobre esta tematica, esta muy interesante, esperare la continuacion sobre por que los cristianos no creemos en la reencarnacion.

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