Pbro. Ramón O. Lara Palma
Después de escribir sobre temáticas un tanto amplias, y por lo mismo aburridas para algunos lectores, no por la amplitud sino por mi incapacidad de ser claro y motivador, me he decidido escribir con mucha más concisión. Por eso el título de esta columna: “un párrafo a la vez”. Lo que escribiré no serán elucubraciones personales o intentos de síntesis, sino retazos de distintos libros de los que he leído o estaré leyendo. Compartiré el párrafo que más me haya impactado de esas lecturas para que también los que lean este espacio cibernético puedan dejarse llevar por la sabiduría de los que han sido bendecidos por Dios con el don del buen entender. Claro que pido disculpas por la falta de respeto, pues nadie ha dicho que lo que a mí me guste pueda gustarle a los demás. Pero correré el riesgo, y de antemano gracias por la comprensión. Ah, por ser esta la primera vez haré la excepción al presentar dos párrafos: este que están leyendo como preámbulo y el párrafo que propiamente quiero compartir con ustedes. Ahí va.
Parábola de los gemelos
«Sucedió que en un seno fueron concebidos gemelos. Pasaron las semanas y los gemelos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba: “Dime: ¿no es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?” Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: “¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros!” Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. “¿Qué significará esto?” –preguntó uno-. “Esto significa –respondió el otro- que pronto no cabremos aquí dentro. No podemos quedarnos aquí: naceremos”. - “En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero- yo quiero quedarme siempre aquí”. - “Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano. Acaso haya otra vida después del nacimiento”. - “¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía. Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. No, con el nacimiento se acaba todo. Es el final”. El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba: “Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene esta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído”. - “Sí que debe existir –protestaba el primero-. De lo contrario, ya no nos queda nada”. - “¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro. A lo mejor sólo nos la hemos imaginado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí.”Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia transcurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los gemelos dejaron su mundo abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños». Tomado de: Selecciones de Teología, nº 152, Vol.38, 1999, 306.
Bueno, no les prometí que iban a ser párrafos cortos!!! Pero es un párrafo digno de ser releído ¿No encuentran familiar ese diálogo respecto a nuestras dudas sobre la vida eterna?
Hasta la próxima.
Parábola de los gemelos
«Sucedió que en un seno fueron concebidos gemelos. Pasaron las semanas y los gemelos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba: “Dime: ¿no es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?” Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: “¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros!” Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. “¿Qué significará esto?” –preguntó uno-. “Esto significa –respondió el otro- que pronto no cabremos aquí dentro. No podemos quedarnos aquí: naceremos”. - “En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero- yo quiero quedarme siempre aquí”. - “Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano. Acaso haya otra vida después del nacimiento”. - “¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía. Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. No, con el nacimiento se acaba todo. Es el final”. El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba: “Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene esta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído”. - “Sí que debe existir –protestaba el primero-. De lo contrario, ya no nos queda nada”. - “¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro. A lo mejor sólo nos la hemos imaginado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí.”Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia transcurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los gemelos dejaron su mundo abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños». Tomado de: Selecciones de Teología, nº 152, Vol.38, 1999, 306.
Bueno, no les prometí que iban a ser párrafos cortos!!! Pero es un párrafo digno de ser releído ¿No encuentran familiar ese diálogo respecto a nuestras dudas sobre la vida eterna?
Hasta la próxima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Busquemos más hondo, profundicemos, los secretos siempre se esconden...