
PUROS CUENTOS…
Recopilado por:
Pbro. Ramón O. Lara Palma
Entre los libros que tengo encontré este cuento muy sugestivo, sobre todo para aquellos que siempre nos quejamos por lo que nos sucede en la vida, y no logramos leer entre líneas por qué suceden tales cosas:
“Érase una vez un hombre que tenía un hijo y un caballo. Un día, el caballo se escapó del establo y salió galopando hacia las colinas. Los vecinos se compadecieron de él:
- Menuda mala suerte, perder un caballo así – le decían.
- ¿Por qué decís eso? –dijo el hombre–. ¿Quién dice que sea mala suerte?
Y curiosamente al día siguiente, caída ya la noche, el corcel regresó a la granja junto con doce hermosos caballos salvajes. El hombre se apresuró a cerrar la puerta del establo. Ahora, en lugar de un rocín tenía –nada más y nada menos– trece ejemplares. La mañana siguiente, los vecinos del pueblo se maravillaron al ver tantos caballos.
- Eso sí es buena suerte, encontrarse de golpe con trece pura sangre.
- ¿Por qué decís eso? – volvió a preguntarles el hombre–. ¿Quién dice que sea buena suerte?
Al cabo de un rato, el hijo del granjero salió a montar uno de los caballos salvajes. Nada más subirse a él, el caballo le tiró violentamente al suelo, y el muchacho se rompió una pierna. Al conocer la noticia, los vecinos se acercaron al hombre y le dijeron:
- Qué mala suerte, que tu hijo se haya roto la pierna de esa forma.
- ¿Por qué decís eso? – les volvió a preguntar el viejo–. ¿Quién dice que sea mala suerte?
Y en efecto, pocos días después un grupo de milicianos llegó al pueblo a reclutar a los muchachos jóvenes y fuertes para que lucharan al frente de batalla, donde muchos perderían la vida. Al ver al hijo del granjero tan lesionado, no les quedó más remedio que pasar de largo, pues de poca ayuda les iba a ser en el campo de batalla.
- Qué suerte tienes – le dijeron los vecinos.
Y esta vez, el viejo sonrió”. Cuento anónimo.
Bueno, el sentido de esta página es que sea algo corto (un párrafo), pero no quiero dejar pasar la oportunidad de compartir este otro párrafo que leí hace varios años. Tiene mucho que ver con el cuento anterior, pero sobre todo se dirige a los que siempre pasamos quejándonos y PREOCUPÁNDONOS por lo que nos sucede en la vida:
NO TE PREOCUPES…
“En todas partes oirás hablar de guerras, de muertes, de incendios, bombas, atentados, secuestros, robos…
Yo te diré: ¡No te preocupes! Si te envían a defender la Patria… puede suceder una de estas dos cosas: que te manden a sitios muy peligrosos o que no te manden.
Si no te mandan a esos sitios, no te preocupes.
Si te mandan allá, puede suceder una de estas dos cosas: que te dejen en el cuartel haciendo guardia o te envíen a la batalla.
Si te dejan en el cuartel, no te preocupes.
Si te mandan a la batalla, puede suceder una de estas dos cosas: que te manden a la retaguardia o te manden al frente.
Si te mandan a la retaguardia, no te preocupes.
Si te mandan al frente, puede suceder una de estas dos cosas: que te toque un lugar seguro, o en lugar peligroso.
Si estás en lugar seguro, no te preocupes.
Si te ponen en lugar de peligro, puede suceder una de estas dos cosas: que te hieran o no te hieran.
Si no te hieren no te preocupes.
Si te hieren puede ser de gravedad o cosa leve.
Si es cosa leve no te preocupes.
Si te hieren de gravedad, puede suceder una de estas dos cosas: que te cures o que te mueras.
Si te curas no te preocupes.
Si te mueres, ya no puedes preocuparte. Así que no te preocupes”.
Hasta la próxima.
“Érase una vez un hombre que tenía un hijo y un caballo. Un día, el caballo se escapó del establo y salió galopando hacia las colinas. Los vecinos se compadecieron de él:
- Menuda mala suerte, perder un caballo así – le decían.
- ¿Por qué decís eso? –dijo el hombre–. ¿Quién dice que sea mala suerte?
Y curiosamente al día siguiente, caída ya la noche, el corcel regresó a la granja junto con doce hermosos caballos salvajes. El hombre se apresuró a cerrar la puerta del establo. Ahora, en lugar de un rocín tenía –nada más y nada menos– trece ejemplares. La mañana siguiente, los vecinos del pueblo se maravillaron al ver tantos caballos.
- Eso sí es buena suerte, encontrarse de golpe con trece pura sangre.
- ¿Por qué decís eso? – volvió a preguntarles el hombre–. ¿Quién dice que sea buena suerte?
Al cabo de un rato, el hijo del granjero salió a montar uno de los caballos salvajes. Nada más subirse a él, el caballo le tiró violentamente al suelo, y el muchacho se rompió una pierna. Al conocer la noticia, los vecinos se acercaron al hombre y le dijeron:
- Qué mala suerte, que tu hijo se haya roto la pierna de esa forma.
- ¿Por qué decís eso? – les volvió a preguntar el viejo–. ¿Quién dice que sea mala suerte?
Y en efecto, pocos días después un grupo de milicianos llegó al pueblo a reclutar a los muchachos jóvenes y fuertes para que lucharan al frente de batalla, donde muchos perderían la vida. Al ver al hijo del granjero tan lesionado, no les quedó más remedio que pasar de largo, pues de poca ayuda les iba a ser en el campo de batalla.
- Qué suerte tienes – le dijeron los vecinos.
Y esta vez, el viejo sonrió”. Cuento anónimo.
Bueno, el sentido de esta página es que sea algo corto (un párrafo), pero no quiero dejar pasar la oportunidad de compartir este otro párrafo que leí hace varios años. Tiene mucho que ver con el cuento anterior, pero sobre todo se dirige a los que siempre pasamos quejándonos y PREOCUPÁNDONOS por lo que nos sucede en la vida:
NO TE PREOCUPES…
“En todas partes oirás hablar de guerras, de muertes, de incendios, bombas, atentados, secuestros, robos…
Yo te diré: ¡No te preocupes! Si te envían a defender la Patria… puede suceder una de estas dos cosas: que te manden a sitios muy peligrosos o que no te manden.
Si no te mandan a esos sitios, no te preocupes.
Si te mandan allá, puede suceder una de estas dos cosas: que te dejen en el cuartel haciendo guardia o te envíen a la batalla.
Si te dejan en el cuartel, no te preocupes.
Si te mandan a la batalla, puede suceder una de estas dos cosas: que te manden a la retaguardia o te manden al frente.
Si te mandan a la retaguardia, no te preocupes.
Si te mandan al frente, puede suceder una de estas dos cosas: que te toque un lugar seguro, o en lugar peligroso.
Si estás en lugar seguro, no te preocupes.
Si te ponen en lugar de peligro, puede suceder una de estas dos cosas: que te hieran o no te hieran.
Si no te hieren no te preocupes.
Si te hieren puede ser de gravedad o cosa leve.
Si es cosa leve no te preocupes.
Si te hieren de gravedad, puede suceder una de estas dos cosas: que te cures o que te mueras.
Si te curas no te preocupes.
Si te mueres, ya no puedes preocuparte. Así que no te preocupes”.
Hasta la próxima.
Saludos, he estado leyendo sus entradas a este blog de hace varios meses mediante Lector de Google. Hoy quice dejarle mis comentarios. Sus entradas son muy buenas, verdaderamente llenan, sobretodo cuando se ha conocido mas de Dios y se vive no alejado, pero no tan cerca en terminos literales de la palabra. Me da mucha nostalgia leerle, porque ademas tuve la oportunidad de conocerle en persona hace unos 7 u 8 an'os atras en la Pa. de La Union, El Salvador. Que Dios les bendiga muchisimo y gracias por compartir por compartir estos excelentes mensajes. Seguro Dios esta feliz que hoy les lei. Hasta la proxima.
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