Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

miércoles, 16 de junio de 2010

ETICA Y POLITICA




CARITAS IN VERITATE Y LA POLÍTICA

Pbro. Ramón O. Lara Palma

Hace algunos meses escribí una reflexión sobre la enseñanza económica que ofrece la Rerum Novarum del siglo XXI, o sea la encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI. Ahora me gustaría hacer una breve reflexión en torno a la enseñanza política que este magno documento ofrece. Después de haber celebrado la clausura del año sacerdotal y de haber pasado una rigurosa etapa de verificación académica, curiosamente me viene la inspiración para escribir sobre esta temática, sobre todo pensando en mi querido pueblo que necesita políticos, en el sentido genuino de la palabra, que hagan política verdadera.

Digo que esta encíclica social del Papa Benedicto es la Rerum Novarum del siglo XXI porque es y será el documento que servirá como un mojón referencial en cuanto a la doctrina social de la Iglesia para los tiempos venideros. Si el documento del Papa León XIII abrió el camino para que la enseñanza de la Iglesia tratara el tema de la Quaestionis Socialis como algo fundamental en todo su aparato doctrinal, la Caritas in Veritate pone la enseñanza social de la Iglesia en el corazón de la realidad socio-económico-política, desde la perspectiva ético-moral y técnico-racional, como una exigencia imprescindible de éstas realidades, tal y como lo requiere este momento histórico.

Está claro que Benedicto XVI establece una íntima relación entre economía y ética: la economía y las finanzas tienen una “naturaleza ética intrínseca”. Además, el Papa advierte del peligro de idolatrar el capital y las ganancias y propone más bien ver a la “persona humana como el auténtico capital” que un país pueda tener. A partir de estas ideas económicas se desprende la visión política que el Papa ofrece: la economía no puede separarse de la política puesto que esta tiene la tarea de distribuir en modo justo/ético los frutos del dinamismo económico. En otras palabras, el Papa aboga por una economía que tenga rostro humano en la que entra en juego la necesaria función política, entendida ésta como la labor (virtud) que tiene como fin último la consecución del bien común.

Para comprender mejor la postura del Papa detengamos un momento en las principales corrientes ideológicas que han dominado el mundo económico y político en los dos últimos siglos: el liberalismo (capitalismo) y el socialismo, o como es más conocido para nosotros en El Salvador, el pensamiento de derecha y el pensamiento de izquierda. Soy consciente de que la simplificación que hago de estos términos es grande y por lo mismo reductiva, puesto que hablar de liberalismo y socialismo implica tomar en cuenta tantísimos aspectos que yo no atenderé.

Con el término liberalismo quiero dar a entender al conjunto de doctrinas económicas y políticas que defienden la no intromisión del Estado o de los colectivos en la conducta privada de los ciudadanos y en sus relaciones sociales, existiendo plena libertad de expresión y religiosas, así como los diferentes tipos de relaciones sociales consentidas, morales, etc. En términos económicos defiende la no intromisión del Estado en las relaciones mercantiles entre los ciudadanos, impulsando la reducción de impuestos a su mínima expresión y eliminando cualquier regulación sobre comercio, producción, etc. Por socialismo se entiende al orden socioeconómico basado en la posesión pública de los medios de producción, el control colectivo y planificado de la economía por parte de la sociedad como un todo. El liberalismo económico y social ha sido abanderado por la llamada derecha política y el socialismo ha sido abanderado por izquierda política.

Tal nominación –derecha - izquierda– viene de la ubicación que ocupaban los jacobinos en la asamblea nacional instaurada durante la revolución francesa. Ellos, asambleístas sentados en los banquillos del lado izquierdo de salón del parlamento, respaldaban medidas que favorecieran a las clases más pobres de la sociedad. Esa bandera reivindicativa de la justicia social, que luego tomaría forma más orgánica con la teoría de Karl Marx, da origen a la simbiosis socialismo-izquierdismo. Por su parte, el liberalismo, que propugnaba la reivindicación de las libertades individuales, de la no intervención del estado, de la acumulación del capital en manos privadas (capitalismo), fue identificado con los asambleístas que se sentaban al lado derecho de la asamblea, por tanto, derechistas.

Además, a nivel ideológico se identifica a la izquierda con el pensamiento progresista que defiende una sociedad aconfesional o laica, igualitaria e intercultural; en cambio a la derecha se le identifica con la defensa de los intereses netamente individuales (privados) y a una visión tradicional de la sociedad, así como la identificación con las clases poderosas y detentoras del capital. Claro que todo esto resulta muy simplista, porque con el paso de los años estas corrientes ideológicas se fueron intercalando y creando un gran espectro ideológico con diversos matices: derecha radical, derecha moderada, centro derecha, centro, centro izquierda, izquierda, izquierda radical. A según como se asuman los principios ideológicos es que un movimiento político puede colocarse en un determinado lugar de ese espectro. Los extremos toman el mote de radicales: derecha radical – izquierda radical, y entre ellos están los llamados centristas.

Algo que también resumen lo explicado en los anteriores párrafos es el binomio socialismo–capitalismo. Que también tienen tantos matices: socialismo marxista (con las derivaciones comunistas de diverso tipo: leninismo, estalinismo, maoísmo, castrismo, etc.), socialismo democrático, socialismo de mercado y el últimamente llamado socialismo del siglo XXI; capitalismo liberal, capitalismo neoliberal, economía social de mercado, etc. Frente a este confuso panorama político económico ¿Dónde se ubica la propuesta del Papa?

En primer lugar hay que afirmar que el Papa reconoce la íntima conexión que tiene una visión económica con la esfera política y por lo tanto con la esfera social. Un modelo económico determina el modelo político e influye en el entramado social. Y es justamente por esto que el Papa defiende una necesaria implicación del estamento político frente al estamento económico. El Papa reconoce, con extraordinario realismo, las bondades y los límites que los distintos modelos económicos puedan tener. Bajo ese realismo advierte el riesgo de una idolatría del mercado como la idolatría del estado. El mercado con su capital debe ser guiado por la política (Estado) para llegar a un “orden económico-productivo socialmente responsable y a la medida del hombre”. En otras palabras, la política tiene la noble misión de humanizar la economía. Pero tampoco la política se puede convertir en obstáculo a la iniciativa emprendedora que busca desplegar toda su creatividad en búsqueda de satisfacer las necesidades de las personas, y por tanto que busca el bien común.

De lo anterior se deriva el segundo aspecto que el Papa resalta en la relación economía y política: el rol del derecho y de la justicia. El Papa aboga por crear verdaderos “Estados de derecho”, donde el respeto a la ley, que es creada en función de la justicia, debe prevalecer sobre cualquier otro interés. Si las leyes de un Estado están orientadas hacia la consecución del bien común, entonces nada se debe oponer al estricto cumplimiento de esas normas, sobre todo si atenta contra la justicia social y se busca la prevalencia de intereses particulares y egoístas. Pero a la par de una sólida estructura legal el Papa también apela a la actitud ética que debe cernirse sobre el terreno político. Si la política se aparta de los principios éticos sucumbirá en las más grandes aberraciones y contradicciones que se puedan imaginar. Si fuese así, la política pierde su identidad y razón de ser, no sabrá guiar sabiamente la economía y afectará profundamente al conglomerado social.

Con otras palabras, el Papa invita a la política a guiar la economía por los senderos humanos (no sólo técnicos y lucrativos), para lo que necesitará de un sano aparataje legal que junto a una arraigada actitud ética defienda los intereses de todos, o más bien, defienda el bien común. Los verdaderos políticos son aquellos que se apegan al marco legal no por oportunismo sino por convicción a sus principios éticos. Con razón afirma el Papa que “la articulación –ética– de la autoridad política a nivel local, nacional e internacional es, sin duda, una de las vías maestras para estar en grado de orientar la globalización económica” hacia el bien común.

¿Cuáles podrán ser los mejores políticos: los de izquierda o los de derecha? Obviamente que el político que más necesita El Salvador, independientemente que sea de izquierda o de derecha, es el que encarne y practique los más elevados principios éticos. En tal caso, parece que debemos mandarlos a hacer a Ilobasco.

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