BIBLIA EN LA ESCUELA
Pbro. Ramón O. Lara Palma
¿Por qué no leer la Biblia en las escuelas? Este es el dilema que mueve todo el tinglado de la opinión pública salvadoreña en estos momentos. Los orondos “Padres de la Patria” han salido al ruedo como verdaderos paladines de los valores humanos y religiosos (la decadencia busca siempre vestirse de abundancia). Me imagino, y quiero pensarlo así, que algo de buena intención ha tenido esa propuesta. Pero como dijo ya alguien: “con ello están demostrando la supina ignorancia que en casi todo los campos alardean nuestros políticos”. Por eso quisiera exponer brevemente los motivos por qué no viene al caso leer la Biblia en la escuela. Por supuesto que otros más versados en la materia podrán profundizar y dar más sustentados motivos.
- Por antipedagógico
Comencemos con este motivo. Y esto es evidente. Quienes alguna vez hayan tenido la Biblia en sus manos (dudo que algunos diputados lo hayan hecho alguna vez) se darán cuenta de que este es un libro diverso a cualquier otro libro. Y el motivo es claro: no es un libro de texto escolar, es un libro sacro al que debe accederse con la actitud y la preparación debida. Una lectura seca de un párrafo bíblico no dice nada. Con todo el respeto que le tengo a este libro sagrado, y justo por ese mismo respeto, sostengo que sería perder siete minutos de un momento pedagógico que podrían ser más aprovechados. Sin contar que esa lectura anti pedagógica de la Biblia la trivializaría y la banalizaría. Además, siendo la Biblia un libro religioso, una lectura obligatoria reñiría con nuestra constitución, como bien han señalado ciertos críticos, pues terminaría con imponer una religión. Como religioso debo recordar que la fe nunca se impone (por ley o decretos) sino que se propone. La fe es una invitación no una imposición.
- Por no factible
Si la lectura bíblica en un aula de lecciones resultaría antipedagógica, hay que agregar igualmente la no factibilidad de tal lectura. Siendo un libro religioso debe ser presentado por una persona preparada en tal campo y en un ambiente adecuado al mismo. ¿Cuál es el ejército de docentes expertos en Biblia que preparará tal lectura? Además, la Biblia es para leerse en un contexto religioso propicio, con la finalidad de fundamentar la vida de fe y de moralidad según los preceptos emanados de ella. En otros países, el estado paga a un experto en religión y en los textos bíblicos para que ofrezca las lecciones que los padres de familia libremente aceptan que reciban sus hijos. ¿Tiene El Salvador la capacidad de costear ese nuevo currículo de enseñanza?
- Por contraproducente
Ciertamente la sociedad y cultura salvadoreña registra una fe mayoritariamente cristiana. Por tanto, la Biblia no es un libro desconocido. Pero el problema del cristianismo de nuestro país es que está representado por innumerables confesiones, tan variadas y distintas, que no se puede hablar de un único cristianismo. Eso no es de extrañar, pues las otras religiones que se fundan en un libro sagrado, como el judaísmo y el islam, tienen infinidad de corrientes que interpretan en modo distinto el texto sagrado. Sabemos que el mensaje cristiano es único y siempre bueno, pero cómo se interprete y se ponga en práctica resulta no siempre igual para todos. Tal divergencia trae muchas veces conflictos internos entre los creyentes. Más divisiones y conflictos por aspectos religiosos es lo que menos necesita El Salvador. Por tanto considero contraproducente imponer por ley la lectura de la Biblia.
- Por inútil
Por último, y como consecuencia de los anteriores puntos, se ve con claridad que una “ley” para leer la Biblia en los centros de enseñanza es poco menos que inútil. Además, la ola de violencia no terminará con solo imponer la lectura de la Sagrada Escritura. Eso es caer en un lastimoso simplismo. La violencia social debe ser tratada con mayor responsabilidad, contundencia y radicalidad.
¿Qué hacer ante tal dilema?
Brevemente expongo algunos caminos o pasos que podrían darse, en consonancia con la iniciativa de los legisladores.
- Elaborar un programa actualizado de valores morales y cívicos
El conocimiento de los conceptos y los contenidos de los más fundamentales valores humanos siempre es necesario. Cierto que la principal y primera institución responsable de transmitir y cultivar los fundamentales valores humanos es la familia. Lastimosamente en la realidad no es así. Por tanto, el sistema educativo puede ofrecer una pequeña ayuda que venga a solventar en algo ese vacío. Junto al conocimiento y asunción de los valores elementales del ser humano es necesario también insistir en el cultivo de un sano y auténtico civismo. La educación cívica está prácticamente en el olvido. Hay que recobrarla y cultivarla. Las nuevas generaciones no tienen culpa de no saber prácticamente nada sobre valores y sobre civismo, ya que nadie se los ha enseñado.
- Profundizar en las virtudes humanas y morales fundamentales
Junto a los valores humanos es importante conocer y asimilar las virtudes. Sobre todo aquellas que la tradición occidental ha siempre cuidado: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Son virtudes que desde la antigua Grecia eran cultivadas. Por ser virtudes cardinales, de ellas provienen un sin número de virtudes concomitantes que habría que enseñar y cultivar.
- Poner la ética de la responsabilidad y del respeto al centro de la vida social
La actitud ética está desapareciendo en todas las latitudes y en todos los estamentos sociales. La crisis económica actual tiene su raíz en el vacío que ha dejado la desaparición de la actitud ética. Sin principios éticos es prácticamente imposible convivir humanamente. Cuando faltan los principios éticos entonces se recurre al legalismo: ley para todo, hasta llegar a elaborar leyes para cumplir otras leyes. Absurdo. Entre los principales principios éticos que debemos cultivar y asumir es el del uso responsable de la libertad, que junto al arraigado respeto al derecho ajeno propician una convivencia digna del ser humano. Sin la responsabilidad (en todos los sentidos) y sin el respeto a la dignidad de la persona humana no hay convivencia social posible. Eso es lo que prácticamente ha desaparecido de entre nosotros. Por eso la ética de la responsabilidad y del respeto debe estar al centro de nuestra convivencia social.
- Cultura de la ejemplaridad: alabar y reconocer el bueno y punir y denigrar el mal comportamiento ético
Por último, debemos empeñarnos en crear una cultura que tenga como fundamento la ejemplaridad positiva. El ser humano es un ser mimético. Imita todo lo que ve. Si los modelos que se le presentan son siempre deshumanizantes, inmorales, vacíos o triviales, aprende a vivir y a comportarse como tal. Por eso es importante hacer resaltar la ejemplaridad positiva del comportamiento ético. Ese comportamiento no se da por decreto. Eso es algo cultivado y arraigado en cada persona. Los responsables para dar esa ejemplaridad son principalmente todos los personajes públicos: políticos, religiosos, académicos, etc. Saber reconocer los buenos ejemplos y cultivarlos es necesario. Saber castigar y desdeñar los malos es una urgencia. El problema nuestro es que el sistema de valores se ha cambiado: el bueno es ridiculizado y el malo (inmoral, sin vergüenza, charlatán, etc.) es aplaudido. Los medios de comunicación y el oscuro mundo de la publicidad tienen una gran tarea al respecto. La autocensura es ineludible. El Salvador necesita de mass media que construyan nación.
Los dos primeros puntos son prácticos. Los dos últimos son sobre todo comprometedores y por tanto a largo plazo. Considero que todos son necesarios para comenzar a reconstruir un nuevo tejido social que posibilite la recomposición de nuestra destartalada convivencia ciudadana. La propuesta de nuestros Padres de la Patria no debe quedar en saco roto. Pero hay que reformularla y hacerla más sólida, sin vaguedades y simplismos como resulta ser una ley de lectura de la Biblia en las aulas.
¿Por qué no leer la Biblia en las escuelas? Este es el dilema que mueve todo el tinglado de la opinión pública salvadoreña en estos momentos. Los orondos “Padres de la Patria” han salido al ruedo como verdaderos paladines de los valores humanos y religiosos (la decadencia busca siempre vestirse de abundancia). Me imagino, y quiero pensarlo así, que algo de buena intención ha tenido esa propuesta. Pero como dijo ya alguien: “con ello están demostrando la supina ignorancia que en casi todo los campos alardean nuestros políticos”. Por eso quisiera exponer brevemente los motivos por qué no viene al caso leer la Biblia en la escuela. Por supuesto que otros más versados en la materia podrán profundizar y dar más sustentados motivos.
- Por antipedagógico
Comencemos con este motivo. Y esto es evidente. Quienes alguna vez hayan tenido la Biblia en sus manos (dudo que algunos diputados lo hayan hecho alguna vez) se darán cuenta de que este es un libro diverso a cualquier otro libro. Y el motivo es claro: no es un libro de texto escolar, es un libro sacro al que debe accederse con la actitud y la preparación debida. Una lectura seca de un párrafo bíblico no dice nada. Con todo el respeto que le tengo a este libro sagrado, y justo por ese mismo respeto, sostengo que sería perder siete minutos de un momento pedagógico que podrían ser más aprovechados. Sin contar que esa lectura anti pedagógica de la Biblia la trivializaría y la banalizaría. Además, siendo la Biblia un libro religioso, una lectura obligatoria reñiría con nuestra constitución, como bien han señalado ciertos críticos, pues terminaría con imponer una religión. Como religioso debo recordar que la fe nunca se impone (por ley o decretos) sino que se propone. La fe es una invitación no una imposición.
- Por no factible
Si la lectura bíblica en un aula de lecciones resultaría antipedagógica, hay que agregar igualmente la no factibilidad de tal lectura. Siendo un libro religioso debe ser presentado por una persona preparada en tal campo y en un ambiente adecuado al mismo. ¿Cuál es el ejército de docentes expertos en Biblia que preparará tal lectura? Además, la Biblia es para leerse en un contexto religioso propicio, con la finalidad de fundamentar la vida de fe y de moralidad según los preceptos emanados de ella. En otros países, el estado paga a un experto en religión y en los textos bíblicos para que ofrezca las lecciones que los padres de familia libremente aceptan que reciban sus hijos. ¿Tiene El Salvador la capacidad de costear ese nuevo currículo de enseñanza?
- Por contraproducente
Ciertamente la sociedad y cultura salvadoreña registra una fe mayoritariamente cristiana. Por tanto, la Biblia no es un libro desconocido. Pero el problema del cristianismo de nuestro país es que está representado por innumerables confesiones, tan variadas y distintas, que no se puede hablar de un único cristianismo. Eso no es de extrañar, pues las otras religiones que se fundan en un libro sagrado, como el judaísmo y el islam, tienen infinidad de corrientes que interpretan en modo distinto el texto sagrado. Sabemos que el mensaje cristiano es único y siempre bueno, pero cómo se interprete y se ponga en práctica resulta no siempre igual para todos. Tal divergencia trae muchas veces conflictos internos entre los creyentes. Más divisiones y conflictos por aspectos religiosos es lo que menos necesita El Salvador. Por tanto considero contraproducente imponer por ley la lectura de la Biblia.
- Por inútil
Por último, y como consecuencia de los anteriores puntos, se ve con claridad que una “ley” para leer la Biblia en los centros de enseñanza es poco menos que inútil. Además, la ola de violencia no terminará con solo imponer la lectura de la Sagrada Escritura. Eso es caer en un lastimoso simplismo. La violencia social debe ser tratada con mayor responsabilidad, contundencia y radicalidad.
¿Qué hacer ante tal dilema?
Brevemente expongo algunos caminos o pasos que podrían darse, en consonancia con la iniciativa de los legisladores.
- Elaborar un programa actualizado de valores morales y cívicos
El conocimiento de los conceptos y los contenidos de los más fundamentales valores humanos siempre es necesario. Cierto que la principal y primera institución responsable de transmitir y cultivar los fundamentales valores humanos es la familia. Lastimosamente en la realidad no es así. Por tanto, el sistema educativo puede ofrecer una pequeña ayuda que venga a solventar en algo ese vacío. Junto al conocimiento y asunción de los valores elementales del ser humano es necesario también insistir en el cultivo de un sano y auténtico civismo. La educación cívica está prácticamente en el olvido. Hay que recobrarla y cultivarla. Las nuevas generaciones no tienen culpa de no saber prácticamente nada sobre valores y sobre civismo, ya que nadie se los ha enseñado.
- Profundizar en las virtudes humanas y morales fundamentales
Junto a los valores humanos es importante conocer y asimilar las virtudes. Sobre todo aquellas que la tradición occidental ha siempre cuidado: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Son virtudes que desde la antigua Grecia eran cultivadas. Por ser virtudes cardinales, de ellas provienen un sin número de virtudes concomitantes que habría que enseñar y cultivar.
- Poner la ética de la responsabilidad y del respeto al centro de la vida social
La actitud ética está desapareciendo en todas las latitudes y en todos los estamentos sociales. La crisis económica actual tiene su raíz en el vacío que ha dejado la desaparición de la actitud ética. Sin principios éticos es prácticamente imposible convivir humanamente. Cuando faltan los principios éticos entonces se recurre al legalismo: ley para todo, hasta llegar a elaborar leyes para cumplir otras leyes. Absurdo. Entre los principales principios éticos que debemos cultivar y asumir es el del uso responsable de la libertad, que junto al arraigado respeto al derecho ajeno propician una convivencia digna del ser humano. Sin la responsabilidad (en todos los sentidos) y sin el respeto a la dignidad de la persona humana no hay convivencia social posible. Eso es lo que prácticamente ha desaparecido de entre nosotros. Por eso la ética de la responsabilidad y del respeto debe estar al centro de nuestra convivencia social.
- Cultura de la ejemplaridad: alabar y reconocer el bueno y punir y denigrar el mal comportamiento ético
Por último, debemos empeñarnos en crear una cultura que tenga como fundamento la ejemplaridad positiva. El ser humano es un ser mimético. Imita todo lo que ve. Si los modelos que se le presentan son siempre deshumanizantes, inmorales, vacíos o triviales, aprende a vivir y a comportarse como tal. Por eso es importante hacer resaltar la ejemplaridad positiva del comportamiento ético. Ese comportamiento no se da por decreto. Eso es algo cultivado y arraigado en cada persona. Los responsables para dar esa ejemplaridad son principalmente todos los personajes públicos: políticos, religiosos, académicos, etc. Saber reconocer los buenos ejemplos y cultivarlos es necesario. Saber castigar y desdeñar los malos es una urgencia. El problema nuestro es que el sistema de valores se ha cambiado: el bueno es ridiculizado y el malo (inmoral, sin vergüenza, charlatán, etc.) es aplaudido. Los medios de comunicación y el oscuro mundo de la publicidad tienen una gran tarea al respecto. La autocensura es ineludible. El Salvador necesita de mass media que construyan nación.
Los dos primeros puntos son prácticos. Los dos últimos son sobre todo comprometedores y por tanto a largo plazo. Considero que todos son necesarios para comenzar a reconstruir un nuevo tejido social que posibilite la recomposición de nuestra destartalada convivencia ciudadana. La propuesta de nuestros Padres de la Patria no debe quedar en saco roto. Pero hay que reformularla y hacerla más sólida, sin vaguedades y simplismos como resulta ser una ley de lectura de la Biblia en las aulas.
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