Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

sábado, 12 de septiembre de 2009

ME DUELE MI PATRIA


Pbro. Ramón O. Lara Palma

El dolor es una sensación molesta y aflictiva en alguna parte del cuerpo (dolor físico), o bien un profundo sentimiento de pena que se experimenta en lo más agudo del alma (dolor emocional). El primero es concreto y localizable, el segundo es intenso pero vago. Ambos tienen la cualidad de hacer sufrir, cada uno a su modo. Cuando digo que “me duele mi patria” quiero decir que hay algo concreto en mi, algo localizable que me hace sufrir; pero es claro que tal sufrimiento tiene el carácter emocional, que toca lo más agudo de mi ser, o lo que muchas veces llamamos “alma”. Pero es algo concreto porque me siento parte indisociable de ese cuerpo que se llama “mi patria”.

Sí, me duele mi patria. Me duele algo de mi propio ser, porque aunque estoy lejos no me siento distante e indiferente frente a mi adolorido terruño. Y no digo que me duele “mi país”, porque país es una palabra muy vaga (un galicismo que indica un área geográfica y una entidad política); ni siquiera digo “mi nación” que es ya algo más íntimo (nación = lugar donde se ha nacido), sino “mi patria” porque indica no sólo de donde soy (lugar de nacimiento) sino que recuerda mis raíces, mis ancestros: mis Padres (patria = patris ubi = lugar de mis padres).

Sí, me duele mi patria porque está muriendo. La tierra de mis padres, el lugar que me da abolengo, muere; literalmente está muriendo. Mueren mis hermanos y hermanas. Está muriendo mi familia. Pero no la mata gente extraña, sino los hermanos menores, que golpeados por el infortunio y nacidos en medio del dolor, han bebido la amarga hiel del desamor, el desamparo y la marginación. Nos estamos matando los mismos miembros de la familia. Por eso quisiera tener la fuerza para gritar con voz potente como la tuvo aquel que en un momento determinado, viendo morir a sus mismos hermanos, gritó: “están matando a sus propios hermanos…por eso les ruego, les suplico, les ordeno…” ¡Cese esta carnicería fraterna!

También por eso desde lo hondo de mi corazón gimo: “Dios te salve, patria sagrada”. Pongamos la coma para dividir la frase porque así debe ser la oración que en este llamado mes de la patria debemos elevar a Dios: ¡Que Dios te salve querida patria! Es que la vergonzosa cifra, que ya sin encogimiento y pudor manejamos, si 14 o 13 o 12 muertos diarios, requiere más que un esfuerzo humano. Sólo Dios podrá salvar esta nuestra desangrada tierra. Los que estamos momentáneamente fuera del corredor territorial nos sentimos avergonzados al conocer la crónica de la noticia internacional: “el pequeño país centroamericano tiene el poco honroso primer lugar en violencia social”. Estremece todavía más la triste constatación de que entre más muertos se dan menor es el estupor y el respeto por la vida entre nos. Tal parece que se hace realidad el triste verso de aquel mexicano: “la vida no vale nada”.

¡No! Cada vida es un tesoro de inestimable valor. Toda vida, sin ninguna distinción, merece ser salvada y restituida en su esplendor. Para ello rescatemos eso mínimo que cada uno puede hacer: respetar el derecho ajeno, porque así se alcanza la paz. El derecho a la vida, el derecho a ser amado para poder amar, el derecho a ser considerados como verdaderos hermanos, es por donde debemos comenzar. El mensaje del galileo debe encontrar resonancia en cada corazón guanaco: “dichoso el hombre que trabaja por la paz”. Con el auxilio divino, que es con lo único seguro que podemos contar, podemos convertirnos de veras en artesanos de esa paz. Sólo así será posible salvar a nuestra patria: con un verdadero empeño tomado con seriedad por parte de cada ciudadano, en sintonía unísona con todos los demás. Sí, Dios salvará nuestra patria, pero sólo a través de nuestras manos, nuestra mente y corazón. Lo demás es sólo propaganda o una falsa ilusión. Sólo así toda vida se podrá salvar.

Que Dios te salve patria sagrada y te devuelva tu dignidad. Eres pequeña pero hermosa, eres única. Tu nombre es ya presagio de tu destino y verdadera identidad: el Salvador te ha salvado y te ha llamado por tu propio nombre, que es el suyo también. Los padres que te fundaron no pudieron agraciarte mejor: su nombre, concluyeron, será El Salvador. Por eso le pido al buen Dios que nadie pueda mutilar ninguno de los catorce laureles que componen tu corona de honor. Aunque tengo la impresión de que ya solo once son: pues han desparecido casi por completo la Unión, la Paz y la Libertad. Yo aprendí desde niño que el verdadero blasón que me daba identidad era justamente la fe en DIOS, la búsqueda incansable de la UNIÓN y la defensa férrea de la verdadera LIBERTAD. Hoy sé que sólo así, guiados por esos sagrados valores, lograremos la anhelada paz social.

Loor a nuestros héroes que nos dieron identidad. Ellos solo iniciaron lo que debemos continuar: la libertad es conquista diaria que debemos buscar con ahínco. No somos libres aún si hay temor hasta de salir a la calle, no seremos realmente libres si todavía hay muertos que enterrar. Ojalá cada 15 de septiembre supiéramos realmente celebrar una verdadera fiesta de la patria, no el remedo de civismo, sin sentido y sin valor, como lo celebramos todavía hoy. ¿Por qué los niños y los jóvenes deben marchar como militares? ¿Por qué tanta pleitesía militar? Estoy seguro que podemos encontrar novedosas formas de expresar nuestro civismo y educar a las nuevas generaciones en verdadera civilidad. El lastre histórico es grande, lo sé, pero por algo podemos comenzar. Purificar ese falso civismo sería una buena opción, claro que sin fanatismo o ideologismos sesgados, ¡No faltaba más!

Por eso y por todo me duele mi patria…pero tengo la esperanza que pronto sanará!!!

1 comentario:

  1. si tuvieramos pensamientos de Unidad, amor al projimo y verdadera Fe todo seria tan diferente............ solo que estamos muy equivocados con lo del verdadero civismo, pues deberiamos mostrarlo cada dia y cada instante

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