Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

miércoles, 3 de marzo de 2010

ROMERO Y EL SACERDOCIO


LA ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL DIOCESANA DE ROMERO (Parte 1)

Por

Pbro. Ramón O. Lara Palma

Cuando hablamos de espiritualidad nos referimos a la experiencia que vive una persona que se deja guiar por el Espíritu Santo. Sabemos que el Espíritu Santo tiene la misión de configurar nuestra existencia según la medida de Cristo. En el lenguaje del pensamiento oriental se dice que el Espíritu tiene la misión de divinizarnos, o bien, de cristificarnos. El hombre espiritual es aquel que refleja en su vida la vida de Cristo y transparenta en toda su existencia la acción del Espíritu que lo configura progresivamente a Cristo. En ese sentido podemos decir que Monseñor Romero fue un hombre profundamente espiritual, porque su vida fue configurándose cada día más y más con Cristo, porque se abrió a la acción del Espíritu Santo que lo fue guiando y transformando en otro Cristo.

También la espiritualidad puede ser definida como el modo en que se vive y se manifiesta la acción del Espíritu Santo en la persona que intenta responder a la vocación que Dios le ha dado. Por eso se puede hablar de diferentes espiritualidades, porque diferentes son los modos en cómo se puede manifestar la acción del Espíritu en cada persona que busca dar respuesta a su propia vocación. De ahí que se pueda hablar de “espiritualidad sacerdotal”, o sea, vivir guiados según el Espíritu en la vocación sacerdotal (también se puede hablar de espiritualidad matrimonial, espiritualidad religiosa, espiritualidad laical, etc., o sea, vivir según la moción del Espíritu en cada vocación recibida). La espiritualidad sacerdotal, por tanto, no es otra cosa que la encarnación fiel del sacerdocio de Cristo bajo la acción del Espíritu Santo.

Para comprender mejor lo que es la espiritualidad sacerdotal es necesario recordar lo que es el sacerdocio. Sabemos que el sacerdocio es el oficio de propiciar el encuentro entre Dios y los hombres. El sacerdote es el mediador de lo sagrado. Sin embargo, sabemos que el único y verdadero mediador entre Dios y los hombres es Cristo, él es el único y sumo sacerdote. Si hay otros sacerdotes es porque estos participan del único sacerdocio de Cristo.

Ahora bien, para ejercer eficazmente esa función mediadora que es propia de Cristo, para ejercer el sacerdocio de Cristo, una persona debe tener un corazón sacerdotal como el de Cristo. Sabemos también que el corazón sacerdotal de Cristo es, ante todo y sobre todo, misericordioso y compasivo hacia los hombres, humilde y obediente hacia Dios. Entonces, tener una espiritualidad sacerdotal significa tener una experiencia de sacerdocio según el corazón de Cristo, o bien, que la persona llamada a ejercer ese sacerdocio mediante la acción del Espíritu Santo vive y actúa con un corazón capaz de tener misericordia y compasión para con sus hermanos y de tener total abandono y obediencia hacia Dios.

No hay duda que Monseñor Romero tenía un corazón sacerdotal como el de Cristo, o sea, un corazón misericordioso y compasivo para con sus hermanos, especialmente los más pobres, los que no tenían voz, y un corazón dócil y obediente hacia Dios, o sea, totalmente unido a Dios mediante una intensa vida de oración y vida de profunda interioridad. Por tanto, Monseñor Romero vivió una auténtica y verdadera espiritualidad sacerdotal.

Sin embargo, la espiritualidad sacerdotal de Monseñor Romero tenía una característica particular, y es la característica de la condición secular (diocesana) de su sacerdocio. Por eso es importante analizar la experiencia de la “espiritualidad sacerdotal diocesana” de Monseñor. Recalcamos en ello porque pareciera ser que el sacerdote diocesano carece de una espiritualidad que le sea propia. Algunos han afirmado que los sacerdotes diocesanos han vivido durante mucho tiempo dependiendo de espiritualidades prestadas. No obstante, hoy más que nunca podemos afirmar con toda claridad y con absoluta seguridad que los presbíteros diocesanos tienen una espiritualidad propia y original. Monseñor Romero es maestro de esa espiritualidad. Vayamos paso a paso.

Ante todo respondamos a una inquietud, ¿Qué es en definitiva la espiritualidad sacerdotal diocesana? ¿En qué consiste?

Por paradójico que parezca, en estos últimos tiempos los teólogos parecen estar de acuerdo en afirmar que la verdadera “espiritualidad sacerdotal” es la diocesana. El conflicto teológico actual consiste más bien en explicar la compaginación de la experiencia espiritual del religioso, que pertenece a un instituto de vida religiosa, pero que también es sacerdote. Se preguntan: ¿Es espiritualidad religiosa o es espiritualidad sacerdotal lo que vive el religioso que es también sacerdote? Porque ambas experiencias son dos modos de seguir a Cristo y de dejarse guiar por el Espíritu en el dinamismo cristificador. Por eso es que se ha llegado a la conclusión de que la verdadera espiritualidad sacerdotal radica en la experiencia diocesana. ¡Los sacerdotes diocesanos tienen su propia y genuina espiritualidad! ¿En qué consiste?

Para captar el sentido propio y distintivo de la experiencia espiritual del sacerdote diocesano es necesario comprender el significado de un concepto bastante reciente, el concepto “diocesanidad”. En pocas palabras podemos decir que la diocesanidad es la experiencia de la más genuina y profunda fraternidad sacerdotal entre el clero con su obispo, del clero entre sí, para luego pasar a la experiencia de comunión con el resto del pueblo santo de Dios presente en la diócesis. El eje en el que gira la diocesanidad es el obispo, él es, como lo decía Monseñor Romero, quien le da fisonomía propia a su diócesis. Es el pastor supremo de la diócesis y en torno a él gira la comunión entre los presbíteros y la comunión de los fieles laicos.

Esta diocesanidad puede palparse y realizarse concretamente sobre todo en la fraternidad sacerdotal, la caridad pastoral, la vida sacramental y la experiencia discipular. Tales experiencias son al mismo tiempo verdaderos cauces de genuina espiritualidad. Analicémoslas brevemente a la luz del testimonio de Monseñor Romero, pero en la próxima entrega.

Hasta la próxima.

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