Mons. Romero

"Por eso insisto yo, mucha oración. oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que nos haga huir de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. estos son los verdaderos liberadores" (Homilia 11 de noviembre de 1979).

sábado, 7 de marzo de 2009

¡LA TIERRA SÍ ES PLANA! COPÉRNICO Y GALILEO SE EQUIVOCARON

Pbro. Ramón O. Lara Palma

No es que haya sucedido un fenómeno cósmico o que se hayan cambiado las leyes del universo, de tal modo que la tierra haya sido aplanada. Es simplemente la constatación de una verdad que nunca ha dejado de existir: la tierra, aun después de los descubrimientos de Copérnico y Galileo, siguió siendo plana.

Obviamente el apreciable lector habrá pensado que quien ha escrito las anteriores líneas sencillamente ha perdido el sano juicio. O que carece del más mínimo conocimiento de cultura general. Posiblemente el respetable ya decidió abandonar la lectura de los siguientes párrafos dada la necia afirmación con que se intitula esta reflexión. Sin embargo pido un poco de paciencia.

Naturalmente que si hablamos en términos físicos sobre la morfología del tercer planeta de este sistema solar, tal afirmación sería estólida. Todos sabemos que la tierra tiene una morfología de tipo elipsoide (una esfera achatada ligeramente por los polos) y que tiene una circunferencia ecuatorial de 40.075.014 m y una circunferencia polar: 40.007.832 m y un radio de la esfera equivalente a 6.371.000 m. Los puntos de referencia para entender la posición intraplanetaria se miden entre los polos –Ártico y Antártico–, que son los ejes desde los cuales el planeta hace su giro rotatorio en relación al sol, y el paralelo central llamado ecuador. Convencionalmente se ha aceptado la denominación de las secciones planetarias como longitudes ESTE (Oriente) y OESTE (Occidente), latitudes NORTE y SUR. Sectorizaciones que nacen a partir de esas “líneas imaginarias” (Meridiano de Greenwich y Ecuador).

Sin embargo, esa simple convencionalidad geográfica se ha ido convirtiendo en una complicadísima trama de conceptualizaciones políticas, económicas, religiosas, culturales, ecológicas, etc. ¿Quién no ha oído hablar de la cultura oriental y occidental, de las desigualdades entre norte y sur, de los conflictos entre el bloque del este y los del bloque del oeste, por decir algo? Un punto geográfico se ha convertido en un concepto o una definición, sea esta política, económica, cultural o religiosa. Tales conceptualizaciones tienen a su vez una grandísima carga ideológica. Fácilmente se define el oriente en relación directa con la MISTICA y con la ESPIRITUALIDAD, el occidente es comprendido como TÉCNICO y PRÁCTICO. En relación al norte fácilmente se relaciona con el DESARROLLO y la RIQUEZA, el sur es definido desde el SUBDESARROLLO y la POBREZA. Me detengo en las definiciones o conceptualizaciones que se hacen entre el Norte y el Sur para profundizar en mi argumento.

Digo que esas conceptualizaciones tienen una grande y peligrosa carga ideológica por las siguientes razones. Primero, porque en la mayor parte de la población de los países del norte es social y mentalmente aceptada la idea de que los países del sur son pobres porque no les gusta trabajar y hasta porque son menos dotados intelectualmente: la gente más trabajadora y más inteligente está en el norte. Segundo, y esto se da en algunos estratos sociales de corte religioso, si el sur es pobre, entonces el norte debe ayudarlo mediante el subsidio económico, las donaciones y obras de solidaridad conexas. Tercero, y esto se da en buena parte de los pueblos del sur, existe la resignación y aceptación de eso que el norte piensa sobre el sur, y tal es el caso que hasta se ha desarrollado una especie de baja estima: un “chele”, ojos azules, de estatura alta, es más que un piel morena, ojos azabache y de baja estatura. Cuarto, aunque sea inconscientemente –pues no tengo la información de que se haya hecho a propósito– desde los primeros años de estudio tanto los niños del norte como los del sur son instruidos en geografía a través del famoso “globo terráqueo” donde proverbialmente puede ubicarse el sur como si estuviera en la parte “de abajo” del mundo. Tal parece que ser del sur, como por fuerza del destino, es ser de abajo. Podríamos afirmar que de manera quizá inconsciente tal mentalidad termina con ser aceptada.

¿A caso la naturaleza tiene escrita en su inamovible legislación esa triste realidad? ¿Está condenado el sur a ser siempre pobre, a estar siempre abajo? Obviamente la respuesta sería no. Algunos ya se imaginan –y hasta lo cantan justicieramente– “que el Norte fuera el Sur” (R. Arjona). ¿Qué pasaría si hasta el diseño de los tradicionales globos terráqueos de las escuelas cambiara de posición: el Norte pasara a la parte de abajo y el Sur a la parte de arriba? En realidad ese diseño es simplemente convencional, pues en el universo –como lo afirmó en términos astrofísicos Einstein– todo es relativo. Estar arriba o estar abajo en una superficie circunferencial es una cuestión relativa al punto de referencia, y este punto referencial nace de un acuerdo convencional. Pero hablemos en términos económicamente reales. ¿Qué sucedería si en el devenir de la historia el sur se hiciera rico y el norte se volviera pobre? Posiblemente los globos terráqueos para enseñar geografía en las escuelas cambiarían de posición, pero sustancialmente nada cambiaría. El mundo real no cambiaria en nada. Cambiar de posición es igual a simplemente no cambiar. Por eso es que planteo la idea de volver a la mentalidad de un mundo plano: todos en el mismo horizonte.

Vivir en un mundo plano significa anular las desigualdades entre los seres humanos, significa respetar el derecho del otro salvaguardando siempre el bien común. Que el mundo sea plano significa compartir solidariamente tanto los bienes materiales como los espirituales en vista a un genuino y sostenible desarrollo humano universal. Un mundo plano significa derribar las barreras ideológicas, políticas, económicas, sociales y culturales para que la familia humana construya una civilización unida desde la diversidad, solidaria desde la justicia, donde el ser humano sea el centro y fin de todo el quehacer político y económico. Un mundo plano significa tener una esperanza universal, donde no exista la diferencia entre quienes en vez de ver en el horizonte los fulgores de la aurora de la esperanza y la ilusión, contemplan el tenebroso ocaso de un futuro sin sueños y sin utopías. Un niño que nace en el barrio periférico de una ciudad del sur no ve el mismo horizonte que ve un niño nacido en las exclusivas y refinadas residencias norteñas. Un mundo plano permitiría a todos los niños, de todos los lugares, contemplar el mismo horizonte de oportunidades y condiciones.

Evidentemente que un cambio geofísico de nuestro mundo es imposible. Sin embargo, volverlo existencialmente plano sí lo es. Se necesita sólo voluntad de todos. No es un imposible, ya que las diferencias –desigualdades– entre el sur y el norte han sido creadas por los hombres, somos nosotros mismos los que podemos eliminarlas. A los pueblos del norte les correspondería simplemente permitir a los del sur liberarse de la inicua dependencia a la que los han sometido. No es justo que con el canto de sirenas llamado “inversión externa” adormezcan a los pueblos y a sus gobiernos para que les permitan sustraer las inmensas riquezas naturales que son un bien común y pasen a ser parte de anónimos y desalmados (sin alma, sin conciencia) propietarios (empresas transnacionales). A los pueblos del norte se les pide detener el voraz y ciego monstruo que han creado (la economía capitalista neoliberal basado en la producción y el consumo) ya que se está devorando el planeta y que por su ceguera (economía bursátil de los mercados financiaros) no repara donde deja las incontables víctimas. A los pueblos del norte no se les pide una falsa solidaridad de subsidios (“ya que es una caricatura de la caridad dar en limosna aquello que se debe dar por justicia”, O.A. Romero), sino una renovación integral de estrategias y estructuras, pagando el verdadero valor de la “materia prima” (recursos naturales, fuerza de trabajo) e invirtiendo focalizadamente en vistas a una verdadera promoción humana y no en el ciego y asesino afán de lucro.

A los pueblos del sur les corresponde recuperar su propia dignidad mediante la revalorización de su identidad cultural, la defensa valiente de sus derechos mediante la responsable administración de sus recursos. Los pueblos del sur deben desarrollar su nivel educativo centrado sobre todo en un conocimiento humanístico, evitando en la medida de lo posible una educación basada en la instrucción técnica que al final viene a ser sólo un “recurso cualificado” al servicio del mercado. A nivel político se debe propiciar una real y eficaz participación ciudadana en todos los ámbitos del aparato gubernamental. Los gobiernos deben cualificar las instituciones de tal modo que todas funcionen de acuerdo al imperio de la ley. Una institucionalidad sana, auténtica participación ciudadana en la gestión gubernamental, una sumisión plena al imperio del derecho y una visión de estado focalizada en la dignidad de la persona, posibilitarán un verdadero y sostenible desarrollo entre los pueblos del sur. Sin olvidar que “el verdadero desarrollo es el paso de estados de vida indignos a estados de vida dignos” (Pablo VI), éste no debe ser confundido con la capacidad de consumo y la consecuente cultura frívola y deshumanizante como lo es la actual sociedad de consumo. Mundo plano es un mundo justo. Debemos soñarlo pero también lucharlo.

2 comentarios:

  1. "ojalá que escuchémos hoy su voz"
    y luchemos por una tierra plana, un pais plano, una sociedad plana, una familia plana y porque no decirlo una iglesia plana.

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  2. Que me alegra muchísimo que aún hay pensamientos que dan esperanza a los que deseamos un mundo diferente donde todos seamos administradores de todo lo que Dios nos ha regalado, cuidandolo para todos, nunca hay que perder la Fe que se debe celebrar y manifestar en comunion con los demas.

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