LA ACTUALIDAD DE MONSEÑOR ROMERO
Pbro. Ramón O. Lara
Estamos a escasos días de celebrar el 29º. Aniversario de la muerte testimonial de Monseñor. Estas semanas previas a la fiesta conmemorativa tienen la característica de un clima de confrontación y excitación socio-política pocas veces visto en nuestro país en el post guerra. Este clima especial en torno a las elecciones me hace preguntar desde lo más profundo de mi corazón ¿Qué diría Monseñor en este momento histórico y en estas circunstancias?
Obviamente que no podemos construir un discurso basado en las posibilidades del pensamiento de otra persona y mucho menos si esta persona ya ha muerto. Sin embargo podemos aproximarnos al pensamiento de Monseñor y hacer una retro lectura del presente, o sea, interpretar el presente a la luz de las circunstancias que él afrontó, como las interpretó y reaccionó, analizándolas y parangonándolas con el presente.
En primer lugar, podemos constatar que Monseñor Romero afrontó un clima sumamente confrontativo y complejo. Confrontativo en cuanto que la realidad social estaba polarizada en extremas: un pequeño grupo de poderosos que buscaban detentar el poder a costa de todo para no perder el statu quo que habían alcanzado; pero también había una extrema beligerante que empujaba cada día con más fuerza a grandes masas sociales, empobrecidas y marginadas, hacia la lucha social. Era un ambiente complejo porque aparte de la polarización de extremas al interno del país (clase poderosa vrs lucha social), habían fuerzas externas (guerra fría) que influían grandemente en el tejido interno de la vida nacional.
En segundo lugar, podemos constatar también que Monseñor Romero afrontó un ambiente necesitado de un mensaje de esperanza y de contenido propositivo. El ambiente de confrontación no permitía ver en aquel momento una luz de esperanza en medio de tan oscura realidad. En ambos bandos de extremas se defendía un férreo fundamentalismo ideológico. Por lo que las únicas salidas que en ambos lados encontraban eran la violencia y la lucha armada respectivamente. Monseñor Romero le tocó colocarse en el medio, en el punto de equilibrio, para buscar el entendimiento y señalar certeramente el camino de solución a los conflictos. Dado el nivel de fundamentalismo ideológico y la obtusa visión de la realidad, la clase poderosa optó por eliminar su papel catalizador que en aquellos momentos había asumido el arzobispo. Sin embargo, mientras pudo, Monseñor ofreció su palabra esperanzadora e iluminadora ante aquel ambiente confrontativo y complejo.
La realidad de marzo de 2009 no dista mucho de la realidad del marzo de 1980, obviamente con sus naturales particularidades. Una realidad de confrontación y complejidad es evidente. Una obtusa visión de futuro y un clima de desesperación campean. Hoy como ayer están los grupos extremistas que luchan a muerte (gracias a Dios esta frase aplicada a la realidad presente es más metafórica que real, aunque hayan excepciones por la violencia electoral). Hoy como ayer encontramos grupos sumamente poderosos que no quieren perder su statu quo y ven al país como una parcela de su latifundio. La mentalidad feudal de muchos poderosos se puede percibir en editoriales periodísticos y opiniones “analíticas” de la realidad nacional. Hoy como ayer no se buscan los mecanismos de diálogo y entendimiento para sentar las bases para construir un país nuevo. Hoy como ayer falta la esperanza y la luz de la sabiduría para encontrar la ruta y emprender el camino de una nueva sociedad salvadoreña.
Por eso es posible pensar que hoy como lo hizo ayer, Monseñor Romero invitaría a todos los salvadoreños y salvadoreñas a tenderse la mano para encontrarse recíprocamente en un diálogo de entendimiento: mano extendida para el diálogo y no el puño cerrado de la confrontación. Monseñor invitaría a los poderosos a quitarse los anillos del autoritarismo y de la arrogancia y descubrir en el contrario un hermano con quien es necesario trabajar en entendimiento para poder construir un nuevo El Salvador. Hoy como ayer Monseñor invitaría a salir de la demagogia y del oportunismo, la manipulación intencionada y las falsas esperanzas, para centrarse en la única y verdadera esperanza que no defrauda: el amor fraterno que nace del encuentro con el Divino. Muy seguramente Monseñor gritaría a todos los vientos, como lo hizo ayer, que es necesario convertir los corazones para convertir las estructuras, que es necesario abandonar la idolatría de la riqueza y del poder (diríamos también la idolatría del mercado), para adorar al Dios de la vida.
Muy posiblemente Monseñor invitaría a todos los salvadoreños y salvadoreñas a darnos un abrazo fraterno, a no ver en el otro a un enemigo sino un hermano ya que todos somos hijos de un mismo Padre. Porque sin un mínimo sentido de cohesión y entendimiento, sin una pizca de buena voluntad para construir un país basado en los valores de la solidaridad, el bien común, el respeto a la vida, la justicia y la verdad, sin esos valores y disposiciones no hay futuro. El presente está tejido por una trama de complejidades: un mundo globalizado que se derrumba en una crisis económica que tiene como origen la codicia desmedida, el inhumano afán de lucro y la idolatría del libre mercado. Muchos planes de gobiernos pueden elaborarse, muchos análisis sociales, económicos y estructurales se podrán efectuar, pero sin una base mínima de unidad social y de valores no se construye o reconstruye una nación. Monseñor Romero, ora pro nobis.
Pues efectivamente esa es nuestra realidad, y como usted dice solo hay que orarle a Dios, para que permita la conversion de nuestros corazones y nos ayude a ser luchadores siguiendo el ejemplo de Monseñor Romero
ResponderEliminarexcelente reflexión y felicitación por compartir tan profunda y eminente forma de pensar, ojalá comentarios como estos cubrieran nuestros periodicos. ojalá no seamos sordos a la voz de Dios que habla atravez de sus servidores y quiera Dios que cada uno sea parte de una justa solución a tanto mal que nos corroe.
ResponderEliminarEs una vision muy profunda de la realida que se vivió y que se esta viviendo a veintinueve años de martirio de Mons. Romero, es necesario rogar a Dios para que los que quieren gobernar nuestro país sean sencible a las necesidades que el nación, Felicidades Padre y Gracias por hacernos reflexionar tan objetivamente
ResponderEliminarNo olvidemos que Monseñor amó la Iglesia hasta el punto de dar la vida, como el buen pastor, por ella. Rescatemos su memoria imitando su ejemplo y continuando su obra por el bien de su pueblo!
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