
Pbro. Ramón O. Lara Palma
Ciertamente que al celebrar las fiestas del fin de año y al prepararse para recibir el año nuevo estas palabras del Señor resultan iluminadoras. Además, tales fiestas nos hacen pensar en esa ineludible realidad que tiránicamente (y benditamente si se quiere) nos envuelve y domina. El tiempo se cumple, y se cumple cada instante, para nosotros que estamos sumergidos en él. Por eso invito a los que tengan la paciencia de leer este escrito, a sumergirse en algunas elucubraciones sobre lo que es el tiempo.
Necesariamente debemos comenzar con una definición, cosa que desde el inicio complica el discurso. Pero la pregunta ¿Qué es el tiempo? no la podemos ni debemos obviar. Hay varias aproximaciones que nos ayudan a tener al menos una somera idea. Comencemos con la definición física, la que resulta de la relación entre las magnitudes de distancia y velocidad: el tiempo es la magnitud que se calcula observando la distancia recorrida por un cuerpo en relación con la velocidad con que este cuerpo se desplaza. Esta es la noción de tiempo que es más inmediata a nosotros. Todos tenemos la sensación de que en el concreto vivir se realiza un continuo movimiento, un continuo pasar, el continuo desplazarse de un instante a otro; el pasado, el presente y el futuro son esas nociones que nacen en nuestra mente al percibir esa fluidez de todo cuanto existe. La experiencia del transcurrir de los días y las noches nos ha permitido crear en lo más profundo de nuestra conciencia esa sensación de que “el tiempo pasa”, de que hay un continuo transcurrir del tiempo. Es posible que si nuestra existencia se hubiera desarrollado en un ambiente donde no existiera ese oscilar de oscuridad y luz tuviéramos una noción diferente de lo que es el tiempo.
En esta noción entran en juego tres elementos esenciales sin los cuales esta nuestra experiencia inmediata del tiempo no se comprendería: materia o cuerpo que se desplaza, espacio físico necesario por donde desplazarse, la velocidad y aceleración usada para el desplazamiento. Por eso es que en el sistema de la física clásica (newtoniana) la medición del tiempo era precisa y estable. Porque tal física se rige por las leyes que la experiencia sensible del mismo hombre permite captar. Es más, desde la antigüedad la medición del tiempo tuvo grandes avances. Cierto que no se sabía con claridad la realidad del proceso de traslación de la tierra alrededor del sol, ni se comprendía a cabalidad el movimiento rotatorio de la luna en torno a la tierra, pero la medición del tiempo en los ciclos diurnos y nocturnos, lunares (meses) y solares (años) fue algo que espontáneamente las antiguas generaciones pudieron hacer, en muchas casos, como los Mayas en Centroamérica, con mucha precisión.
El problema surge cuando las profundas intuiciones y comprobaciones matemáticas que realizó A. Einstein hicieron que las leyes de la física clásica ya no cumplieran con su cometido. Cuando Einstein descubrió y comprobó que la materia y la energía tienen una clara relación directa, tanto así que la energía resulta cuando la materia es acelerada a la velocidad de la luz, entonces resulta que el espacio y el tiempo pierden consistencia, en una palabra, el espacio y el tiempo desaparecen, no existen como dimensiones físicas. De ahí que Einstein propusiese su famosa teoría de la “Relatividad del Espacio y el Tiempo”. El tiempo, por tanto, según estos avances científicos, es relativo, pues desaparece cuando un cuerpo-materia se acelera a la velocidad de la luz y se convierte en energía, y existe sólo para el observador en modo relativo según el sistema de referencias que tenga tal observador.
Según la teoría de la relatividad, saber cuándo es pasado o cuándo es futuro depende del punto de referencia que se tome para hacer tal medición. De tal modo que si desde un punto de referencia se puede calcular un evento y decir que está en el pasado, desde otro punto de referencia el mismo evento podría verse como futuro. Todo depende del punto de referencia. Por eso, en la medición del tiempo que hacen los cosmólogos no hay todavía un acuerdo. Son tantas las teorías cosmológicas actualmente que ninguna da satisfactoriamente una respuesta. Una de las más famosas es la teoría propuesta por el físico inglés Stephen Hawkins en su libro “Historia del tiempo”. Sin embargo, por ingeniosas que parezcan las explicaciones de un gran científico, no logran satisfacer todas las inquietudes y dilemas que la mente humana contiene. Por eso la noción física de lo que es el tiempo no ha llevado más que ha mayores confusiones y más profundas interrogantes: si el tiempo es relativo, o si el tiempo en el momemtum de la energía desparece, ¿Cómo explicar la sensación concreta que todos tenemos de una sucesión continua de momentos? ¿Qué significa la experiencia de pasado, presente y futuro? ¿Tiene el universo un inicio y un final?
Llegados a este punto resulta necesario analizar el tiempo desde otra perspectiva: la perspectiva psicológica. La noción psicológica del tiempo sostiene que éste es sólo una construcción de la mente del hombre. La experiencia del tiempo sólo la tiene el hombre y en cierto modo los animales, pero no los seres inanimados. La noción sicológica liga la comprensión del tiempo a la memoria (pasado) y la imaginación (futuro). Ambas capacidades ponen al hombre en medio de las demás cosas como el que vive, experimenta, y padece el tiempo. Los animales tienen una cierta noción del tiempo porque tienen un cierto modo de memoria aunque no tienen imaginación, por lo que los animales no tendrían noción de lo que es el futuro. En cambio las cosas solo están, y en cierto modo sufren degradación a causa del contacto recíproco con las demás cosas, pero no existe el tiempo para ellas.
El hombre, sin embargo, está en el hoy (presente) pero ese estar tiene siempre la ineludible carga de la memoria, por tanto su estar ahí, o sea su existir (el Dasein de Heideger), está preñado de pasado. Pero además, el presente del hombre incluye su imparable imaginación, su proyección, y por tanto la experiencia del futuro es consustancial al presente. El presente del hombre es una permanente tensión entre lo que le propone su imaginación (futuro) y lo que le recoge su memoria (pasado). Por eso para el hombre no existe presente sin pasado ni futuro. Son magnitudes que se reclaman mutuamente. Pero toda esa estructura compresiva y aprehensiva del tiempo se da sólo en la mente, es psicológica. El tiempo es, pues, una realidad psicológica y en cierto modo una realidad muy personal, casi individual.
Pero si el tiempo es una realidad sicológica, muy personal, ¿Por qué tenemos la real impresión, y experiencia, de que las cosas existen y dejan de existir, de que tienen principio y tienen fin? Si el tiempo es realmente una realidad psicológica, cada uno tendría su propio devenir y no podríamos estar en contacto con nadie más, no habría una comprensión común del existir; sin embargo la experiencia nos dice otra cosa: que todos tenemos la experiencia de estar viviendo en el mismo y único tiempo. ¿Es acaso el tiempo una especie de histeria colectiva? Y Dios, ¿Donde entra Dios en esta comprensión del tiempo? ¿Qué es la historia si el tiempo está solo en la mente? ¿Qué es la eternidad? Bueno, las preguntas se multiplican a montón. Intentaremos discutirlas posteriormente. Por el momento sólo les deseo un Feliz Año nuevo, un feliz paso del tiempo. Hasta la próxima.
Ciertamente que al celebrar las fiestas del fin de año y al prepararse para recibir el año nuevo estas palabras del Señor resultan iluminadoras. Además, tales fiestas nos hacen pensar en esa ineludible realidad que tiránicamente (y benditamente si se quiere) nos envuelve y domina. El tiempo se cumple, y se cumple cada instante, para nosotros que estamos sumergidos en él. Por eso invito a los que tengan la paciencia de leer este escrito, a sumergirse en algunas elucubraciones sobre lo que es el tiempo.
Necesariamente debemos comenzar con una definición, cosa que desde el inicio complica el discurso. Pero la pregunta ¿Qué es el tiempo? no la podemos ni debemos obviar. Hay varias aproximaciones que nos ayudan a tener al menos una somera idea. Comencemos con la definición física, la que resulta de la relación entre las magnitudes de distancia y velocidad: el tiempo es la magnitud que se calcula observando la distancia recorrida por un cuerpo en relación con la velocidad con que este cuerpo se desplaza. Esta es la noción de tiempo que es más inmediata a nosotros. Todos tenemos la sensación de que en el concreto vivir se realiza un continuo movimiento, un continuo pasar, el continuo desplazarse de un instante a otro; el pasado, el presente y el futuro son esas nociones que nacen en nuestra mente al percibir esa fluidez de todo cuanto existe. La experiencia del transcurrir de los días y las noches nos ha permitido crear en lo más profundo de nuestra conciencia esa sensación de que “el tiempo pasa”, de que hay un continuo transcurrir del tiempo. Es posible que si nuestra existencia se hubiera desarrollado en un ambiente donde no existiera ese oscilar de oscuridad y luz tuviéramos una noción diferente de lo que es el tiempo.
En esta noción entran en juego tres elementos esenciales sin los cuales esta nuestra experiencia inmediata del tiempo no se comprendería: materia o cuerpo que se desplaza, espacio físico necesario por donde desplazarse, la velocidad y aceleración usada para el desplazamiento. Por eso es que en el sistema de la física clásica (newtoniana) la medición del tiempo era precisa y estable. Porque tal física se rige por las leyes que la experiencia sensible del mismo hombre permite captar. Es más, desde la antigüedad la medición del tiempo tuvo grandes avances. Cierto que no se sabía con claridad la realidad del proceso de traslación de la tierra alrededor del sol, ni se comprendía a cabalidad el movimiento rotatorio de la luna en torno a la tierra, pero la medición del tiempo en los ciclos diurnos y nocturnos, lunares (meses) y solares (años) fue algo que espontáneamente las antiguas generaciones pudieron hacer, en muchas casos, como los Mayas en Centroamérica, con mucha precisión.
El problema surge cuando las profundas intuiciones y comprobaciones matemáticas que realizó A. Einstein hicieron que las leyes de la física clásica ya no cumplieran con su cometido. Cuando Einstein descubrió y comprobó que la materia y la energía tienen una clara relación directa, tanto así que la energía resulta cuando la materia es acelerada a la velocidad de la luz, entonces resulta que el espacio y el tiempo pierden consistencia, en una palabra, el espacio y el tiempo desaparecen, no existen como dimensiones físicas. De ahí que Einstein propusiese su famosa teoría de la “Relatividad del Espacio y el Tiempo”. El tiempo, por tanto, según estos avances científicos, es relativo, pues desaparece cuando un cuerpo-materia se acelera a la velocidad de la luz y se convierte en energía, y existe sólo para el observador en modo relativo según el sistema de referencias que tenga tal observador.
Según la teoría de la relatividad, saber cuándo es pasado o cuándo es futuro depende del punto de referencia que se tome para hacer tal medición. De tal modo que si desde un punto de referencia se puede calcular un evento y decir que está en el pasado, desde otro punto de referencia el mismo evento podría verse como futuro. Todo depende del punto de referencia. Por eso, en la medición del tiempo que hacen los cosmólogos no hay todavía un acuerdo. Son tantas las teorías cosmológicas actualmente que ninguna da satisfactoriamente una respuesta. Una de las más famosas es la teoría propuesta por el físico inglés Stephen Hawkins en su libro “Historia del tiempo”. Sin embargo, por ingeniosas que parezcan las explicaciones de un gran científico, no logran satisfacer todas las inquietudes y dilemas que la mente humana contiene. Por eso la noción física de lo que es el tiempo no ha llevado más que ha mayores confusiones y más profundas interrogantes: si el tiempo es relativo, o si el tiempo en el momemtum de la energía desparece, ¿Cómo explicar la sensación concreta que todos tenemos de una sucesión continua de momentos? ¿Qué significa la experiencia de pasado, presente y futuro? ¿Tiene el universo un inicio y un final?
Llegados a este punto resulta necesario analizar el tiempo desde otra perspectiva: la perspectiva psicológica. La noción psicológica del tiempo sostiene que éste es sólo una construcción de la mente del hombre. La experiencia del tiempo sólo la tiene el hombre y en cierto modo los animales, pero no los seres inanimados. La noción sicológica liga la comprensión del tiempo a la memoria (pasado) y la imaginación (futuro). Ambas capacidades ponen al hombre en medio de las demás cosas como el que vive, experimenta, y padece el tiempo. Los animales tienen una cierta noción del tiempo porque tienen un cierto modo de memoria aunque no tienen imaginación, por lo que los animales no tendrían noción de lo que es el futuro. En cambio las cosas solo están, y en cierto modo sufren degradación a causa del contacto recíproco con las demás cosas, pero no existe el tiempo para ellas.
El hombre, sin embargo, está en el hoy (presente) pero ese estar tiene siempre la ineludible carga de la memoria, por tanto su estar ahí, o sea su existir (el Dasein de Heideger), está preñado de pasado. Pero además, el presente del hombre incluye su imparable imaginación, su proyección, y por tanto la experiencia del futuro es consustancial al presente. El presente del hombre es una permanente tensión entre lo que le propone su imaginación (futuro) y lo que le recoge su memoria (pasado). Por eso para el hombre no existe presente sin pasado ni futuro. Son magnitudes que se reclaman mutuamente. Pero toda esa estructura compresiva y aprehensiva del tiempo se da sólo en la mente, es psicológica. El tiempo es, pues, una realidad psicológica y en cierto modo una realidad muy personal, casi individual.
Pero si el tiempo es una realidad sicológica, muy personal, ¿Por qué tenemos la real impresión, y experiencia, de que las cosas existen y dejan de existir, de que tienen principio y tienen fin? Si el tiempo es realmente una realidad psicológica, cada uno tendría su propio devenir y no podríamos estar en contacto con nadie más, no habría una comprensión común del existir; sin embargo la experiencia nos dice otra cosa: que todos tenemos la experiencia de estar viviendo en el mismo y único tiempo. ¿Es acaso el tiempo una especie de histeria colectiva? Y Dios, ¿Donde entra Dios en esta comprensión del tiempo? ¿Qué es la historia si el tiempo está solo en la mente? ¿Qué es la eternidad? Bueno, las preguntas se multiplican a montón. Intentaremos discutirlas posteriormente. Por el momento sólo les deseo un Feliz Año nuevo, un feliz paso del tiempo. Hasta la próxima.
Muy buena reflexion sobre el tiempo aprendi mucho
ResponderEliminaresperare las siguientes reflexiones sobre el tiempo y Dios.
Que Dios te de sabiduria y tevendiga